martes, mayo 9

ALEGRÍA PARA TODOS SIN SUFRIMIENTO

Lucas se entretenía en su mente con esas tres palabras: ganar, perder, quedarse igual. A lo largo de sus experiencias, había pasado por las tres. Momentos donde la ganancia iba viento en popa. Otros, donde la pérdida había hecho su apariencia. Y la continuación de la situación tal cual como estaba. Los sentimientos que le habían acompañado en esas diferentes situaciones habían sido muy dispares. 

Como un elemento automático, la ganancia era ilusionante y llena de entusiasmo. La tristeza inicial acompañaba a las pérdidas. La indiferencia a lo que no cambiaba. Parecía que era como una hoja al viento, llevada por los caprichos de los aires. Al menos, así lo apreciaba desde su interior. Le costó aceptar que esas experiencias las construía él mismo en su ser. 

Algunas aparentes pérdidas, se tornaron en hermosas sabidurías. Algunas aparentes victorias, en soledades personales. Admitió que la sabiduría no había estado en la consideración de esas experiencias. Todo en la vida tenía un significado estupendo para nosotros si sabíamos leerlo. Se sentía como un niño que no había aprendido a leer las incidencias de la vida. 

“La creencia de que es posible perder no es sino el reflejo de la premisa subyacente de que Dios está loco. Pues en este mundo parece que alguien tiene que perder porque otro ganó. Si esto fuese cierto, entonces Dios estaría loco”. 

“Mas ¿qué es esa creencia sino una forma de la premisa más básica según la cual, - El pecado es real y es lo que rige al mundo - ? Por cada pequeña ganancia que se obtenga, alguien tiene que perder, y pagar el importe exacto con sangre y sufrimiento. Pues de lo contrario, el mal triunfaría y la destrucción sería el costo total de cualquier ganancia”. 

“Tú que crees que Dios está loco, examina esto detenidamente y comprende que, o bien Dios es demente o bien es esto lo que lo es, pero no ambos”. 

Lucas se fijaba en las experiencias de su familia. ¡Cuántas veces las alegrías y las ganancias de algunos de los miembros se tornaron en alegría y ganancia de los demás! Todos pudieron compartir alegría y felicidad sin fin. Nadie tuvo que sufrir ni pagar nada de contrariedad. Ese era el mundo de Nuestro Padre Celestial. Y ese era nuestro mundo real.

lunes, mayo 8

UN FOGONAZO DE LUZ

Marcos se quedó suspenso frente a aquel pensamiento que acababa de leer. Eran unas líneas que había encontrado en el célebre libro de la Cabaña. La inmensidad que abarcaba la propuesta le impedía continuar con la lectura. Quería seguir leyendo. Quería comprender más, mucho más, pero, a la vez, no podía continuar. 

Cierta sensación de plenitud invadía su cuerpo. Una parada tranquila llena de quietud lo invadía. La propuesta bien lo merecía. Poco a poco iba reponiéndose de aquellos instantes de parada de su mente. El texto decía así: “Hablando en serio, mi vida no fue destinada a ser un modelo a seguir. Ser mi seguidor no es tratar de "ser como Jesús"; significa poner fin a tu independencia”. 

“Yo vine a darte vida, vida real, mi vida. Nosotros llegaremos y viviremos nuestra vida dentro de ti, para que empieces a ver con nuestros ojos, y a oír con nuestros oídos, y a tocar con nuestras manos, y a pensar como nosotros lo hacemos. Pero nunca te impondremos esa unión. Si tú quieres hacerlo solo, hazlo. El tiempo está de nuestra parte”.

Marcos le costaba reaccionar. La comprensión nueva de la frase “ser como Jesús” le desarboló. La idea de poner fin a nuestra independencia personal era algo tan nuevo, tan novedoso, tan auténtico y tan maravilloso que no acertaba a encontrar nada en su interior que lo confirmara ni lo negara. 

Por una parte, se sentía tranquilo, seguro. Una propuesta de Jesús siempre era una bienvenida a una realidad nunca considerada por nosotros. Jesús, Su Padre y el Espíritu Santo podían vivir dentro de nosotros. No era una fantasía. Era una realidad. 

La idea de soledad desaparecía. Al considerar que dentro de nosotros estaba la Divinidad junto con nuestros pensamientos y nuestras decisiones, nos hacía considerar que cada elemento de nuestra vida era la charla afable con Jesús en cada situación del cotidiano vivir. 

Marcos iba adquiriendo aquella novedad. Siempre había decidido por sí mismo. Ahora, debía ir acostumbrándose a contar con Jesús en su mente, en sus ojos, en sus ideas y en sus opiniones. La idea de compañía le atrajo mucho a Marcos. La idea de reflexión personal le abría nuevas ventanas. 

Finalmente agradecía a la Divinidad el tremendo respeto que le ofrecía. No entraría en nuestra casa sin nuestro permiso. Con esas credenciales, era un honor sentirse junto a Su Creador en su propia casa. Marcos veía que ya no caminaría solo el resto de sus días.

domingo, mayo 7

COMPARACIONES REVELADORAS

Mateo recordaba con claridad aquella definición que le dio su profesor en una de sus clases universitarias. En el campo del conocimiento, la comparación era un medio de comprender mejor las cualidades y los conceptos de las cosas al poner en evidencia sus bondades y sus especificidades. 

Su profesor le subrayó que la comparación era un mecanismo natural en nuestra vida. Cualquier opinión, cualquier opción, cualquier pensamiento nacía de la comparación de lo nuevo que llegaba hasta nosotros y nuestro sistema de pensamiento interior. Si coincidía con el acervo interior se aceptaba. Si no iba en la misma línea que nuestros planteamientos, entonces se rechazaba. 

Eso implicaba que la base de nuestra orientación interna debía estar siempre alerta y siempre dispuesta a ser perfeccionada, completada, clarificada y ampliada. Esa reflexión tenía su importancia. Así leía aquellos pensamientos: “Pon a prueba todas tus creencias a la luz de este único requisito, y entiende que todo lo que satisface esta única petición es digno de tu confianza”. 

“Nada más lo es. Lo que no es amor es pecado, y cada uno de ellos percibe al otro como demente y sin sentido. El amor es la base de un mundo que los pecadores perciben como completamente demente, ya que creen que el camino que ellos siguen es el que conduce a la cordura”. 

“Mas el pecado es igualmente demente a los ojos del amor, que dulcemente prefieren mirar más allá de la locura y descansar serenamente en la verdad. Tanto el amor como el pecado ven un mundo inmutable, de acuerdo a como cada uno define la inalterable y eterna verdad de lo que eres”. 

“Y cada uno refleja un punto de vista de lo que el Padre y el Hijo deben ser para que ese punto de vista sea significativo y cuerdo”. 

Mateo se quedaba sin palabras. Entendía la verdad de la reflexión. Comprendía la necedad de su pensamiento. Al comprobar la comparación entre el amor y el pecado la solución no tenía color. El pecado tenía su fin. El amor nunca lo tendría. 

La elección parecía mucho más clara. El pensamiento podría adentrarse en los horizontes del amor con mayor seguridad.

sábado, mayo 6

PENSAMIENTOS NO RAZONADOS

Guille estaba pensando en algunos temas que siempre había admitido y que nunca había pensado sobre ello. En algunos de los círculos donde se movía no tenía mucha aceptación la clasificación de los caracteres de las personas según el día, la hora, y el lugar de nacimiento. Sin un estudio serio y sin unos argumentos sólidos se desechaba como absurda y obscena. 

La mente de Guille le propuso el siguiente reto: “Vamos a estudiarlo de una forma práctica, su repercusión en la vida diaria y su metodología para llegar a ese conocimiento que se nos compartía desde hacía muchos, muchos siglos”. Desde el punto de vista de la razón, le parecía muy oportuno. Era la demostración de una tesis con una metodología seria y comprensiva. 

Se acercó al tema sin prejuicios en contra, sin prejuicios a favor. Era lo natural de toda investigación. Adquirió un buen material que se compartía en la Universidad de Londres y se dispuso a ir aplicando sus descubrimientos a sus alumnos/as. 

Tenía la posibilidad de alcanzar desde la Patagonia hasta el Canadá en el continente americano. Desde Portugal hasta Rusia en el continente europeo. También tenía acceso a algunos estudiantes coreanos y japoneses. Diversas culturas podrían ser estudiadas. 

Guille descubrió que estaba equivocado en muchos de sus planteamientos y acertado en otros. Las características comunes de un signo Cáncer se desarrollaba de la misma manera común con indiferencia del lugar de nacimiento. Así iba pasando con todos y cada uno de los signos. Descubrió que ese rechazo “institucional” no tenía ninguna razón de ser. 

En esa línea entendía el planteamiento de aquel texto: “Es imposible que el deseo de morir del “pecador” sea tan fuerte como la Voluntad de Dios por la vida. Tampoco es posible que los cimientos de un mundo que Él no creó fuesen tan firmes y seguros como el Cielo. ¿Cómo iba a ser posible que el Cielo y el Infierno fuesen lo mismo?

“¿Y cómo podría ser que lo que Su Voluntad no dispuso no se pudiera cambiar? ¿Qué otra cosa aparte de su voluntad es inmutable? Si pudieses darte cuenta de que lo único que es inmutable es la Voluntad de Dios, este asunto estaría resuelto. No obstante, eso es precisamente lo que no crees. Sin embargo, no podrías creer nada más, sólo con que vieses lo que realmente es”. 

Guille iba entrando en esos campos donde las cosas recibidas las iba pasando por el tamiz de su serenidad y su sensatez. Una maravilla que le agradecía al Dios de la vida.

viernes, mayo 5

MENSAJEROS DE ESPERANZA

Benito recordaba un incidente de su vida donde se vio totalmente traicionado por uno de sus amigos y por uno de sus apreciados profesores. Las palabras que recibió fueron duras. Las escuchó. Las digirió. No contestó nada. En su interior tomó una decisión. Dejaría caer la relación con su amigo. Respecto a su profesor fue más condescendiente. Pasó por alto su actuación. 

Desde el punto de vista de sensatez, Benito se había comportado con prudencia y con serenidad. Se veía con la razón del asunto. Por ello, su corazón no dudaba en dejar caer esa amistad con su amigo. Era una persona inteligente, acerada, incisiva y muy penetrante. Algunas palabras no debieron haber sido dichas. 

Pasó el tiempo. A pesar de las súplicas de su amigo, dejó que la relación se fuera enfriando. La separación y los lugares diferentes de sus actividades hicieron el resto. Ahora, Benito reflexionaba de diferente manera. La distancia sirvió, en su momento, para atenuar el dolor del enfrentamiento. El dolor se produjo por una falta de visión suya. 

Nadie podía cometer acto tan grave que mereciera nuestro distanciamiento. Eso entraría en el terreno del pecado. Y el pecado era ruptura total. Se merecía la muerte. Ningún error nuestro merecía la muerte. Ninguna equivocación inconsciente tendría ese gran castigo. Todos los mortales nos equivocábamos. Todos los mortales nos dábamos cuenta de nuestros errores y deseábamos superarlos. 

Así comprendía mucho mejor aquellos pensamientos: “Si el Espíritu Santo puede convertir cada sentencia que te impusiste a ti mismo en una bendición, entonces no pudo haber sido pecado. El pecado es lo único en todo el mundo que no puede cambiar. Es inmutable. Y de su inmutabilidad depende el mundo”.

“La magia del mundo parece ocultar de los pecadores el dolor del pecado, y engañar con falsos destellos y ardides. Mas todo el mundo sabe que el costo del pecado es la muerte. Y ciertamente lo es”. 

“Pues el pecado es una petición de muerte, un deseo de hacer que los cimientos de este mundo sean tan firmes como el amor, tan dignos de confianza como el Cielo y tan fuertes como Dios Mismo”. 

“Todo aquel que cree que es posible pecar mantiene al mundo excluido del amor. Y esto no cambiará. Sin embargo, ¿sería posible que lo que Dios no creó compartiese los atributos de Su creación, cuando se opone a ella desde cualquier punto de vista?”

Benito abría los ojos con toda su extensión. No podíamos pecar porque íbamos camino a la vida. Creíamos en el amor que nos daba nuestras energías cada día. Vivíamos el perdón y el amor para superar nuestros errores. Al no ver el pecado en los demás, los otros no se sentían incómodos frente a nuestra presencia. Éramos mensajeros celestiales del amor y del perdón.

jueves, mayo 4

TRANSFORMACIONES IMPENSABLES.

Samuel se quedaba embobado con los trucos que desarrollaban los actores de la magia y de la ilusión. Sus rápidos movimientos impedían que el ojo viera el truco y nos hacían creer cosas que realmente no sucedían. A pesar de todo, el ojo era engañado y nos quedábamos totalmente sorprendidos. Siempre en su interior, pensaba cómo se hacía el truco. 

Era una manera de superar las leyes que no podían ser cambiadas ni transformadas. La ilusión, el engaño, funcionaba. A pesar de todo, nos gustaba ver esas manifestaciones. Samuel se quedaba sorprendido cuando descubría en aquellas líneas un proceso que no había pensado anteriormente. Un mismo deseo servía para desarrollar el bien y para desarrollar lo contrario. 

“La salvación no es más que un recordatorio de que este mundo no es tu hogar. No se te imponen sus leyes ni sus valores son los tuyos. Y nada de lo que crees ver en él se encuentra realmente ahí. Esto se ve y se entiende a medida que cada cual desempeña su papel en la deconstrucción del mundo, tal como desempeñó un papel en su construcción”. 

“Cada cual dispone de los medios para ambas pasibilidades, tal como siempre dispuso de ellos. Dios dispuso que lo especial que Su Hijo eligió para hacerse daño a sí mismo fuese igualmente el medio para su salvación desde el preciso instante en que tomó esa decisión”. 

“Su pecado especial pasó a ser su gracia especial. Su odio especial se convirtió en su amor especial”. 

Samuel se quedaba anonadado. Un cambio que desafiaba las leyes de la naturaleza. Aquí no había truco. Aquí no había engaño. Aquí no había el deseo que fuera así. Era toda una verdad a nuestro alcance. Maravilloso cambio que colmaba todas las aspiraciones universales de nuestra alma. Un cambio poderoso real.

miércoles, mayo 3

SUEÑOS INTERNOS PROYECTADOS

A Daniel le encantaba soñar. Se sumergía en las creaciones de amor en su interior y le encantaba caminar entre ellas. Era como un curarse de las heridas duras y soeces de la vida diaria. Su alma, pensaba, estaba hecha para el amor, para la expresión de lo mejor del ser humano. Su sonrisa siempre estaba presta para compartirla con un rostro amable. 

El agradable intercambio de pareceres, opiniones, respetos y agradables ambientes le salían sin darse cuenta. Era una nobleza, era un encanto, era una inflexión de todas las melodías de su corazón. Dentro de él, gozaba. Dentro de él, se entendía. Dentro de él, inmensamente vivía.

Amor, belleza, intercambio, respeto, admiración, paciencia y sutileza. Todo se aunaba en aquel texto que se deslizaba por sus ojos y se parecía a una de esas sesiones amorosas que en su interior soñaba y se deleitaba: “La gracia de Dios descansa dulcemente sobre los ojos que perdonan, y todo lo que éstos contemplan le habla de Dios al espectador”. 

“Él no ve maldad, ni nada que temer en el mundo o nadie que sea diferente de él. Y, de la misma manera en que ama a otros con amor y con dulzura, así se contempla a sí mismo. Él no se condenaría a sí mismo por sus propios errores tal como tampoco condenaría a otro”. 

“No es un árbitro de venganzas ni un castigador de pecadores. La dulzura de su mirada descansa sobre sí mismo con toda la ternura que les ofrece a los demás. Pues sólo quiere curar y bendecir. Y puesto que actúa en armonía con la Voluntad de Dios, tiene el poder de curar y bendecir a todos los que contempla con la gracia de Dios en su mirada”. 

Daniel realmente soñaba. Se preguntaba si estaba soñando o estaba viviendo la realidad. Se daba cuenta de que cada uno soñaba el mundo que pensaba. Nadie vivía la realidad. Cada persona se creaba en su mente y en sus relaciones ese mundo de desconfianza o confianza, de amistad o enemistad, de amor o de indiferencia que vivía en su interior. 

Cada uno proyectaba al exterior ese mundo que vivía dentro de sí. Por ello, Daniel cuidaba mucho su mundo interior. Lo que veía en el mundo exterior era una proyección suya. Al ver a cada persona, le compartía ese encanto que en su interior vivía, gozaba y sonreía. Hermosa visión que hacía el cielo subía.