lunes, octubre 8

CAMBIOS NO PREVISTOS

NO QUEDARSE EN LA SUPERFICIE

Enrique le había dado vueltas a algunas afirmaciones de la Biblia que no lograba entender de forma plena, total. Parecía que había un choque entre esa visión divina y el planteamiento de Jesucristo. Ciertas dudas surgían en su interior y no tenía solución para esta disparidad. 

Sin embargo, al leer el párrafo siguiente pudo empezar a conciliar los planteamientos divinos con las propuestas de Jesús. Eso le hizo esbozar una amplia sonrisa en su corazón y en su cara. Por fin, había encontrado una vía de fusión entre las aparentemente ideas opuestas en la Biblia. 

“Para el Espíritu Santo, ‘Lo que el hombre sembrare, eso cosechará’ quiere decir que lo que consideres digno de ser cultivado lo cultivarás en ti mismo. Considerar que algo es valioso es lo que lo hace valioso para ti”. 

“‘Mía es la venganza, dice el Señor’, puede reinterpretarse fácilmente si recuerdas que las ideas se expanden sólo al compartirse. La aseveración subraya el hecho de que la venganza no se puede compartir”. 

“Dásela, por lo tanto, al Espíritu Santo, Quien te librará de ella, puesto que no le corresponde estar en tu mente, la cual forma parte de Dios”. 

“De acuerdo con la interpretación del ego, ‘Castigaré los pecados de los padres hasta la tercera y cuarta generación’ es una aseveración especialmente cruel. Se convierte simplemente en un intento por parte del ego de garantizar su propia supervivencia”. 

“Para el Espíritu Santo, la frase significa que en las generaciones posteriores Él todavía podrá reinterpretar lo que las generaciones previas habían entendido mal, anulando así la capacidad de dichos pensamientos para suscitar miedo”. 

Enrique recibía una nueva brisa fresca llena de vida. No había en los planteamientos del Espíritu Santo nada de condenación. Todo era una Expiación en sus planteamientos. No le tocaba al Espíritu Santo condenar a nadie, como no le tocaba al Padre y al Hijo destruir a nadie. 

Nuevas sendas se abrían ante los pasos de Enrique, nuevos motivos de paz, de serenidad, de tranquilidad y de confianza subían por las venas de su cuerpo y por las energías de su alma en su desarrollo continuo y placentero.

domingo, octubre 7

TRIBUNAL EJECUTOR


Carlos quedó impresionado por las afirmaciones de uno de sus amigos. Indicaba que estaba tranquilo ya que no iba ser juzgado por ningún hombre. Su juicio sería realizado por Dios, un Ser equitativo, comprensivo y conocedor del ser humano. Los juicios emitidos por las personas eran duros, inapelables y acusadores. 

El miedo era el elemento común que se deslizaba en esos comentarios. Muchos seres humanos se habían sentido mal entendidos, no comprendidos, no interpretados con el corazón y la sentencia dura que habían emitido hacía temblar los pilares de la justicia. 

Recordaba el juicio realizado a la prostituta en los tiempos de Jesús. Todo un grupo fue a proponer a Jesús que esa prostituta debía ser apedreada y destrozada. No merecía vivir. Lo indicaba así la Ley de Moisés. Jesús no se perdió en detalles. La Ley de Moisés indicaba la muerte de la prostituta y del hombre que participaba en ese acto. 

Jesús dejó que el corazón participara en el juicio. No se opuso a la ejecución. Solamente apeló a una reflexión interior. Les indicó que el que estuviera libre de pecado, arrojara la primera piedra. Se podría parafrasear también como el que no se hubiera acostado con ella lanzara la primera piedra. 

Sabían, según la Ley de Moisés, que esa piedra debiera estar dirigida al hombre y a la mujer. La mujer no podía realizar el acto sexual sola. Se dieron cuenta que la acusación carecía de equidad, de justicia, de plenitud. Los más mayores que se habían acostado muchas veces se dieron cuenta de la realidad y se fueron. 

Carlos entendía la afirmación de su amigo. Los humanos, en ocasiones, actuaban como esos tipos de tribunales. Acusaban a los demás, pero no se daban cuenta de que ellos también participaban de lo que acusaban. 

“El ego dicta sentencia y el Espíritu Santo revoca sus decisiones, en forma similar a como en este mundo un tribunal supremo tiene la potestad de revocar las decisiones de un tribunal inferior”. 

“Las decisiones del ego son siempre erróneas porque están basadas en el error para cuya defensa se tomaron. El ego no interpreta correctamente nada de lo que percibe”. 

“No sólo cita las escrituras para defender su causa, sino que incluso las interpreta como testigos a su favor. A juicio del ego la Biblia es algo temible. Al percibirla como algo temible la interpreta con miedo”. 

“Al sentir miedo, no apelas al Tribunal Supremo porque crees que fallaría en tu contra”. 

Carlos comprendía mucho mejor a su amigo. Sentirse atacado y condenado por los humanos sin saber los motivos interiores que se desarrollaron en el hecho, era el punto de máximo error. También los humanos eran prestos a condenar en los demás lo que en ellos mismos no veían condenable como les pasó en el relato de la prostituta con Jesús.

viernes, octubre 5

RECUERDOS INDELEBLES


Sebas fijaba su atención en una de las experiencias que le había dejado huella en su experiencia. Un muchacho de unos dieciséis años, amigo suyo, conociendo que era adoptado, deseaba conocer a sus padres biológicos. La experiencia con sus padres adoptados era excelente. 

Aprendió en aquel momento lo que se denominaba la llamada de la sangre. Una fuerza interior lo impelía a conocer a aquellas personas que le dieron la vida física, pero que no pudieron compartirle la vida afectiva, la vida de experiencia y la vida de la comunicación conjunta. 

Parecía que en el interior del ser humano había un resorte capaz de ponerse en marcha ante cierto conocimiento para la búsqueda de sus progenitores. Sebas pensaba que algo similar había pasado con cada persona en este mundo. Los padres biológicos eran los causantes de su aparición en carne. 

Sin embargo, sabiendo que todos teníamos un Padre Celestial, un Dios Creador que nos había pensado, se había deleitado con nosotros, un resorte parecido debía ponerse en funcionamiento para conocer a nuestro Padre Eterno. 

“Acuérdate siempre del Reino, y recuerda que tú formas parte de él, jamás te puedes perder. La Mente que estaba en mí está en ti, pues Dios crea con absoluta imparcialidad”. 

“Deja que el Espíritu Santo te recuerde siempre Su imparcialidad, y déjame enseñarte cómo compartirla con tus hermanos. ¿De qué otra manera sino se te puede brindar la oportunidad de reivindicarla para ti mismo?” 

Ambas voces hablan simultáneamente en favor de diferentes interpretaciones de una misma cosa, o casi simultáneamente, pues el ego habla primero”. 

“Las interpretaciones que representan la otra alternativa no se hicieron necesarias hasta que se concibió la primera de ellas”. 

Sebas agradecía en su alma esa imparcialidad en la mente divina, y esa imparcialidad en nosotros mismos. No eran personas más queridas, menos queridas, más privilegiadas, más dejadas de lado. Todas tenían la misma posibilidad de estar unidas con el Creador. 

Una unidad que atraía el corazón, la mente, el alma y los anhelos de Sebas en su caminar en la búsqueda de su Padre Celestial.

jueves, octubre 4

INTERCAMBIOS IMPENSABLES


Adolfo veía que todo estaba a su mano y que podía hacer intercambios en su mente que nunca habría imaginado. La idea de sentirse víctima en una relación era algo que le tocaba muy de cerca. Solía enfadarse y mostrarse terco y desafiante en la relación cuando constataba que no se le respetaba ni se le apreciaba. 

Salían de su interior sentimientos heridos, molestos, exigentes y, en ocasiones, de cierto celo interior muy intenso. Se daba cuenta con el tiempo que esos sentimientos eran provocados por la persona que le atacaba verbalmente. Se sentía una marioneta en las manos del otro y se quedaba paralizado. 

Cierto día entendió que el rol de víctima, de ofendido, de molesto, que jugaba era una reacción suya. No se daba cuenta de que el ataque efectuado por el otro no iba contra él. No podía atacarlo porque nadie sabe realmente quién es el otro. La persona que ataca lo hace por su propia inarmonía, por sus propios problemas. 

Cuando lo comprendió Adolfo, dejó de centrarse en él y focalizarse en la otra persona. Eso le ayudó mucho y dejó de sufrir, de sentirse una diana de los demás, cuando en realidad, era una manifestación de la problemática del otro. 

“Los sentimientos de culpabilidad son los que perpetúan el tiempo. Inducen miedo a las represalias o al abandono, garantizando así que el futuro sea igual que el pasado”. 

“En esto consiste la continuidad del ego, la cual le proporciona una falsa sensación de seguridad al creer que tú no puedes escaparte de ella. Pero no sólo puedes, sino tienes que hacerlo”. 

“Dios te ofrece a cambio la continuidad de la eternidad. Cuando te decidas a hacer este intercambio reemplazarás simultáneamente la culpabilidad por la dicha, la crueldad por el amor y el dolor por la paz”. 

“Mi papel consiste únicamente en desatar las cadenas que aprisionan tu voluntad y liberarla. Tu ego no puede aceptar esta libertad y se opondrá a ella siempre que pueda y en cualquier forma que pueda”. 

“Y puesto que tú eres su hacedor, reconoces lo que él puede hacer, pues le conferiste el poder de hacerlo”. 

Adolfo temblaba y se alegraba. Temblaba porque él interiormente sin darse cuenta deseaba continuar con esa serie de pensamientos de víctima y de exigencia a los demás que lo comprendieran. 

Se alegraba porque la posibilidad del cambio que estaba en su mano lo liberaba totalmente: reemplazar culpabilidad por dicha, crueldad por amor, dolor por paz. Era una nueva persona que podía nacer si lo creía y no se oponía. Si lo creía y deseaba salir de esa posición que, en ocasiones amaba, de considerarse una víctima.

miércoles, octubre 3

LA ETERNIDAD O EL MOMENTO PRESENTE


Rafa jugaba con el significado de la palabra eternidad. En momentos de lentitud, donde se quería que el tiempo pasara rápido, la eternidad medía el aburrimiento y la frustración. El tiempo no pasaba. Era un movimiento apenas imperceptible que destacaba su lentitud y su desesperación. 

Otros momentos eran agradables, deleitables, maravillosos, placenteros y encantadores. Ese tiempo se tildaba con la palabra rapidez, el tiempo había desaparecido. La velocidad de su paso dejaba como un cometa fugaz de placer que había tomado mucho tiempo, pero había dejado la sensación de un tiempo que se había desaparecido. 

A veces, se dudaba, en esas ocasiones de alegría y disfrute, que el tiempo pasara tan rápido y veloz. Rafa conocía que esos momentos de intensidad no eran eternos. Eran puntos de intensidad maravillosa. De todas las definiciones que había logrado para eternidad, la única que le convencía era la del momento presente. 

El momento actual pasaba con rapidez y con fortaleza al compartir experiencias placenteras. Ese momento presente era el contacto con lo eterno, con lo esencial, con lo encantador. Un momento donde mente y cuerpo se encontraban. No se trataba de la discordancia de estar la mente en un lugar y el cuerpo en otro. 

La mente y el cuerpo se sincronizaban y estaban ambos en el mismo lugar, en el mismo instante. Esa era la puerta de la eternidad y de la expresión armónica de todas nuestras experiencias. 

“Dios en Su conocimiento no está esperando, pero a Su Reino le falta algo mientras tú esperes. Todos los Hijos de Dios están esperando tu retorno, tal como tú estás esperando el suyo”. 

“En la eternidad las demoras no importan, pero en el tiempo son ciertamente trágicas. Has elegido estar en el tiempo en vez de la eternidad, y, por consiguiente, crees estar en el tiempo”. 

“Sin embargo, tu elección es libre y modificable. No te corresponde estar en el tiempo. Te corresponde estar únicamente en la eternidad, donde Dios mismo te ubicó para siempre”. 

Rafa, sin darse cuenta, se había colocado en el tiempo. Su plenitud siempre se cumpliría en el futuro. El momento presente no era importante para él. La sabiduría, el apoyo, vendría en el futuro. Es decir, no vivía el presente. Todo se dejaba para más tarde. 

Ahora descubría que vivir con plenitud era entrar en el presente: cuerpo y mente unidos en el presente. El ser humano se había dividido. Estaba en la playa y su mente pensaba en la ciudad. Estaba en la montaña y su mente estaba en los negocios. 

Estaba con su esposa y su mente estaba ocupada por los papeles del negocio cercano que estaba a su mano. Siempre dividido. La eternidad y el momento presente se fundían. La mente y el cuerpo se unían y la plenitud crecía.

martes, octubre 2

LA ORDENACIÓN ARMÓNICA


Esteban ya iba conociendo el camino de la integridad de su mente. Una mente completa podía comprender a la mente inarmónica. Los actos desordenados de la mente dividida eran una fuente de sufrimiento para el que la tenía y para todos aquellos a los que la mente tenía acceso. 

Las contradicciones, las frustraciones, las adversidades, les golpeaban a las personas con ese tipo de mente. No solamente les hacía sufrir a ellos, también provocaban sufrimiento en todos los que le rodeaban. Una mente así no podía ofendernos nunca. 

Una mente así no podía hacernos sentir víctimas de nada. Su funcionamiento inarmónico afectaba a todos los que entraban en contacto con ella, pero no se enfadaban, no se molestaban. Conocían que más que verdugos eran víctimas de sus propias basuras humanas. 

La comprensión era la actitud más auténtica en el camino de comprensión de ese tipo de mentes. “La continua decisión de permanecer separado es la única razón posible de que siga habiendo sentimientos de culpabilidad”. 

“Hemos dicho esto antes, pero no subrayamos los resultados destructivos de tal decisión. Cualquier decisión de la mente afecta tanto al comportamiento como a la experiencia”. 

“Lo que tú deseas, esperas que tenga lugar. Esto no es algo ilusorio. Tu mente ciertamente forja tu futuro, y se lo devolverá a la creación plena en cualquier momento si primero acepta la Expiación”. 

“Retornará asimismo a la creación plena en el instante en que haya hecho eso. Al haber renunciado a su pensamiento desordenado, la correcta ordenación del pensamiento se hace evidente”. 

Compartir paz, serenidad, comprensión y apoyo, es uno de los tesoros más excelsos de nuestra experiencia. Tener esas ideas en nuestra mente ante la actuación de cualquier mente que nos ataque, nos desee desequilibrar, es el regalo mayor del mundo. 

No contribuimos a su desorden. Tratamos de recordar que esa serenidad también está dentro de esa mente y que, ante todo, tendemos una mano amiga para colaborar a la armonía de la mente. Una hermosa colaboración con la acción divina que busca, con amor, esa mente atribulada y sufriente.

lunes, octubre 1

TODO UN DILEMA


Santiago creía que era una responsabilidad personal poner orden en sus pensamientos en algunos momentos de su vida. Aparentemente era una actitud comprometida y adecuada. Esa visión le hacía tomarse algunos días para pensar cómo hacerlo. 

Era algo que solamente le concernía a él. Por tanto, no era cuestión de preguntar a nadie, de consultar a los otros y de depender de las opiniones de los demás. Su independencia se hacía fuerte y sentía que debía ser así. Se animaba con los nuevos aportes. 

Sin embargo, en algunas ocasiones no acertaba tal y como hubiera esperado. Al leer las ideas de aquel párrafo se clarificaba él mismo su proceder y los resultados que había obtenido. 

“El pensamiento irracional es pensamiento desordenado. Dios mismo pone orden en tu pensamiento porque tu pensamiento fue creado por Él. Los sentimientos de culpabilidad son siempre señal de que desconoces esto”. 

“Muestras asimismo que crees que puedes estar separado de Dios, y que deseas hacerlo. Todo pensamiento desordenado va acompañado de culpabilidad desde su concepción, y mantiene su continuidad gracias a ella”. 

“La culpabilidad es ineludible para aquellos que creen que son ellos los que ordenan sus propios pensamientos, y que, por lo tanto, tienen que obedecer sus dictados”. 

“Eso les hace sentirse responsables de sus errores sin darse cuenta de que, al aceptar esta responsabilidad, están reaccionando de manera irresponsable”. 

“Si la única responsabilidad del obrador de milagros es aceptar la Expiación para sí mismo, y te aseguro yo que así es, la responsabilidad por lo que debe ser expiado no puede entonces recaer sobre ti”. 

“Este dilema no puede ser resuelto, excepto aceptando la solución del deshacimiento. Tú serías responsable de los efectos de tu manera equivocada de pensar si esta no se pudiera deshacer”. 

“El propósito de la Expiación es conservar del pasado únicamente aquello que ha sido purificado. Si aceptas el remedio para el pensamiento desordenado, remedio cuya eficacia es ineludible, ¿cómo iban a seguir estando presente sus síntomas?” 

Santiago reconocía que, si dejaba fuera del ordenamiento de sus pensamientos a la fuente que le había dado la vida, Dios, no podía ser responsable del efecto equivocado de sus pensamientos. Era responsable de no haberle permitido a Dios su colaboración. 

La solución estaba clara. Debía dejar la independencia suya que no tenía a la hora de ordenar sus pensamientos y debía dejar que la culpabilidad desapareciera para siempre en su vida.