martes, marzo 8

LA PAZ. HERMOSA PAZ EN NUESTRO INTERIOR

“El Espíritu Santo percibe el conflicto exactamente como es. Por consiguiente, Su segunda lección reza así:

Para tener paz, enseña paz para así aprender lo que es

Este es todavía un paso preliminar, puesto que aún no has equiparado tener con ser. Es, no obstante, un paso más avanzado que el primero, que en realidad no es sino el comienzo del proceso de inversión del pensamiento. El segundo paso es una afirmación categórica de lo que deseas”. 

“Es, pues, un paso encaminado a liberarte del conflicto, ya que significa que se han considerado las alternativas y se ha elegido la más deseable. Con todo, la expresión “más deseable” aún implica que lo deseable tiene diferentes grados”. “Por lo tanto, aunque este paso es esencial para poder tomar la decisión fundamental, no es obviamente el último”. 

“Desear completamente es crear, y crear no puede ser difícil si se tiene en cuenta que Dios Mismo te creó para que fueras un creador”. 

“El segundo paso, por lo tanto, es todavía perceptivo, si bien es un paso gigantesco hacia la percepción unificada que refleja el conocimiento de Dios. Al dar este paso y seguir en esa dirección, estarás avanzando hacia el centro de tu sistema de pensamiento, donde tendrá lugar el cambio fundamental”. 

“En el segundo paso el progreso es intermitente, pero el segundo paso es más fácil que el primero porque es el que le sigue. Darse cuenta de que este paso no puede sino seguir al primero es señal de una creciente conciencia de que el Espíritu Santo te guiará en su camino”.

Realmente es hermoso y poderoso reconocer que tenemos esa posibilidad dentro de nosotros. Así que podemos recordar: 

Para tener paz, enseña paz para así aprender lo que es

De todas las virtudes es una de las más reconocidas, ansiadas y deseadas en el corazón de cada persona. Hace poco hablaba con una persona muy querida. Nos abrimos el corazón. Una larga vida había desfilado delante de nosotros y esa persona me sintetizaba la necesidad de esa paz que calmara la sed de su alma. 

Con dieciocho años asistí a un encuentro de jóvenes inquietos, con deseos de cambiar el mundo y con anhelos de mejorarlo y hacerlo más humano. El tema central del encuentro era “LA PAZ”. 

Algunos oradores habían pasado revista a todos los conflictos del globo. Unos, más cercanos. Otros, más lejanos. Compartían sus análisis, sus causas y la injerencia de potencias extranjeras. Toda una serie de causas concitadas para evitar la paz y la vida pacífica de sus habitantes. 

Sin embargo, el último orador, que cerraba con su discurso el encuentro, se centró no en la paz de los lugares. Focalizó la falta de paz en nuestros corazones. Dijo que la paz exterior era una proyección de la paz de nuestros pensamientos, de nuestras diatribas, de nuestras controversias mentales y de la falta de sosiego interno. 

Estaba de acuerdo en pedir la paz para todos los lugares. Pero encareció al auditorio que la auténtica paz nace en el interior. Así la ampliación de la paz era fiel reflejo de nuestro estado interno. Un desafío que nunca olvidé. Cuando comenzó a hablar, noté que seguía el mismo sendero que mis pensamientos. 

Me alegró sobremanera. No siguió la línea de los otros oradores y tocó lo que era más difícil de admitir. Nuestro cambio interno. 

Cuando escucho el segundo paso del Espíritu Santo, me estremece reconocer en sus palabras, aquellas inquietudes juveniles que todavía no han desaparecido de mi alma. Al contrario, se afianzan con la sabiduría de los tiempos y con la claridad de pensamiento alcanzada: 

Para tener paz, enseña paz para así aprender lo que es

Ahora ya no hablo de la paz. Ahora ya no hablo de los conflictos y la falta de paz. Ahora tengo dentro de mí el mejor laboratorio para experimentar esa paz maravillosa. El segundo paso del Espíritu Santo nos invita a alcanzar, con Su ayuda, esa paz que está más allá de todo conocimiento. 

Así se conjuga el primer paso: 

Para poder tener, da todo a todos

Con el segundo paso, objeto de nuestra reflexión: 

Para tener paz, enseña paz para así aprender lo que es


lunes, marzo 7

EL ESPÍRITU SANTO. PRIMER PASO

“El primer paso en el proceso de inversión o des-hacimiento es el des-hacimiento del concepto “obtener”. La primera lección del Espíritu Santo es por consiguiente: “para poder tener, da todo a todos”. Dije que es posible que esto agudice el conflicto temporalmente, y ahora podemos aclarar este punto aún más. A estas alturas todavía no percibes la igualdad que existe entre tener y ser. Hasta que no la percibas, tener te parecerá lo opuesto a dar”.

“La primera lección, por consiguiente, parece encerrar una contradicción, puesto que la está aprendiendo una mente que está en conflicto. Esto quiere decir que hay deseos conflictivos, y, así, la lección no puede aprenderse de manera consistente todavía”. 

“Lo que es más, la mente del alumn@ proyecta su propio conflicto, y, por lo tanto, no percibe consistencia en la mente de los demás, lo cual le hace sospechar de la motivación de éstos. Esa es la verdadera razón de que, desde cualquier punto de vista, la primera lección sea la más difícil de aprender”. 

“Puesto que aún eres extremadamente consciente del ego en ti mism@ y respondes principalmente al ego de los demás, se te está enseñando que reacciones ante ambos como si lo que realmente crees no fuese verdad”.

Carlos, leía, releía esta primera aproximación del Espíritu Santo: “para poder tener, da todo a todos”. Reconocía que en su vida, en sus relaciones era muy dado a dar todo a todos. Sin embargo, notaba como algunos le cohibían. Le hacían encerrarse en sus adentros. Ahora, a la luz del Espíritu Santo, tenía claro que era el ego, que con su miedo, le intimidaba y le atemorizaba. Y en ese temor y miedo se cortaba la comunicación. 

La esposa de Carlos se lo advertía en algunas ocasiones. Le decía que era genial, que daba todo a todos pero con algunos se le notaba cortado, receloso, silencioso. En definitiva, no era Carlos. Era otra imagen la que daba. En aquellos momentos cuando su esposa se lo decía, Carlos se justificaba interiormente y compartía con su esposa los porqués. 

Ante este texto que le servía de espejo, sabía que el cambio no estaba en los demás que Carlos creía que le intimidaban, le cohibían, le encerraban. Carlos se dio cuenta que era él mismo el que se cohibía. No tenía la fuerza suficiente para tener claro que la parte de Espíritu Santo estaba también en aquellas personas. 

El muro de justificaciones le iba cayendo a Carlos. Sabía que el conflicto todavía tenía mucha fuerza en él mismo. Pero la verdad se iba levantando poderosa. El Espíritu Santo estaba en todas las personas. No había exclusión. No había justificación. No había pretexto. La inhibición era suya por un pensamiento equivocado. 

Sabía que tenía que des-hacer ese pensamiento. Ese pensamiento que le creaba la inhibición. Ese pensamiento que limitaba su horizonte. Ese pensamiento que lo inutilizaba. Nadie, absolutamente nadie, deja de tener el Espíritu Santo. Carlos podía contactar a través del Espíritu Santo en él con el de los demás. 

Así se podría cumplir la primera lección: “para poder tener, da todo a todos”. 

Carlos notaba que la paz invadía su pecho. La paz serenaba su mente. La paz llenaba sus huesos. La paz le indicaba el camino seguro de la Vida y de toda Verdad Infinita.

domingo, marzo 6

EL ESPÍRITU SANTO vs EGO

“El Espíritu Santo, que nos conduce a Dios, transforma la comunicación en el estado de ser, de la misma manera en que en última instancia, transforma la percepción en conocimiento. No pierdes lo que comunicas. El ego se vale del cuerpo para atacar, para obtener placer y para vanagloriarse. La locura de esta percepción la convierte en algo verdaderamente temible”.

“El Espíritu Santo ve el cuerpo solamente como un medio de comunicación, y puesto que comunicar es compartir, comunicar se vuelve un acto de comunión. Tal vez creas que el miedo – al igual que el amor – se puede comunicar y que, por lo tanto, se puede compartir”. 

“Sin embargo, esto no es tan real como pueda parecer a primera vista. Los que comunican el miedo están fomentando el ataque, y el ataque siempre interrumpe la comunicación, haciendo que esta sea imposible”.

“Es verdad que los egos se unen en alianzas temporales, pero siempre para ver qué es lo que cada uno puede obtener para sí mismo. El Espíritu Santo comunica únicamente lo que cada uno puede darle a todos. Nunca te quita nada que te haya dado, pues Su deseo es que te quedes con ello”.

Qué bueno ir deslindando, de una forma clara y precisa, la oposición que hay entre el Espíritu Santo y el ego. Dos voces que se enfrentan dentro de nosotros. Y con estos pensamientos vamos eligiendo, cada día, cuál de las dos voces será el germen esencial de nuestra mente. 

Así vamos atesorando elementos de paz, de seguridad, de claridad, en cada paso que avancemos.

sábado, marzo 5

EL BUEN MAESTRO

Todos recordamos a un buen maestro que se cruzó alguna vez en nuestra vida. Sentimos esa voz, esa modulación, esa firmeza y esa comprensión que, sin saberlo, se clavó en nuestro corazón. Fueron sus ideas, fue su relación, fueron sus ojos clavados en los nuestros que nos sacaron, de nuestro interior, lo mejor.

Una confianza total. Un entendimiento completo. Una línea de pensamiento similar y, sin saber por qué, un sentimiento como el nuestro. Parecía que poseía una idealidad para hablar a nuestro intelecto, a nuestros escondidos y pocos mostrados sentimientos. Nos motivaba sin aparente esfuerzo y nos guiaba con mano firme y segura por nuestros senderos. 

Sólo Dios podría decirnos por qué se daba ese encuentro. Sólo Dios tiene todas las variables para compartir con nosotros. Sólo la naturaleza sabia puede comprender por qué era “nuestro maestro”. Así lo hemos sentido. Así lo hemos vivido. No lo podemos explicar pero algo muy dentro repite: “es mi maestro”. 

Ahora con el tiempo pasado solamente nos quedamos con algunas indicaciones de lo que realmente conformaba un buen maestro. Así se indica una cualidad en este siguiente párrafo: 

“Un buen maestro enseña mediante un enfoque positivo, no mediante uno negativo. No hace hincapié en lo que tienes que evitar para escapar de lo que te puede hacer daño, sino en lo que tienes que aprender para ser feliz”. 

“Piensa en el miedo y en la confusión que un niño experimentaría si le dijeran: “No hagas eso porque es muy peligroso y te puede hacer daño, pero si haces esto otro, no te harás daño, estarás a salvo y no tendrás miedo””. 

“Definitivamente es mucho mejor usar tan solo tres palabras: “haz sólo esto”. Esta afirmación es perfectamente inequívoca y muy fácil de entender y de recordar”. 

“El Espíritu Santo nunca hace una relación detallada de los errores porque Su intención no es asustar a los niños, y los que carecen de sabiduría son niños”. 

Así que no nos queda más que agradecer a nuestros buenos maestros que se llenaron de sabiduría para transmitirnos a nosotros, en la forma adecuada, y con la actitud oportuna, sus tesoros escondidos en sus sencillos y cultivados entendimientos.

viernes, marzo 4

EL TIEMPO NO EXISTE

El tiempo no existe. Solamente existe el momento: la vibración del instante, la belleza reflejada en el interior de los ojos, la comunicación sensitiva a través de los poros, los leves susurros de amores de éxtasis encantados, las breves palabras dichas por un corazón compartido, el apretón de manos de dos amig@s separad@s. El tiempo no existe. Solamente existe el momento.

Suaves roces en la cima de una roca, una brisa acariciante y un espectáculo gozoso recogido por el horizonte como un marco melodioso. Una escalada de superación vivida como un reto, una escalada de superación vivida como un esfuerzo. Una escalada de felicidad sentida en todos los puntos sensibles de tu cuerpo. 

Una comunicación gozosa con ese ser sintonizad@ contigo. Unas palabras gozosas con ese hálito de magia, unas palabras gozosas con ese candor de nostalgia, unas palabras gozosas con ese fuego interno de los instantes rutilantes de imágenes de colores sobre el cielo. 

El tiempo no existe. Solamente existe el momento: dos manos unidas en el sendero de la vida, dos mentes sincronizadas de alegrías, emociones y experiencias vividas, dos generosidades limpias, dos milagros que se cruzan y descubren, en su mirar, la espontaneidad de la vida. El tiempo no existe. Solamente existe el momento. 

El momento desciende. El momento se acerca. No se busca. No se deja programar. El momento nos invade en nuestros jardines secretos. El momento nos envuelve en la libertad del encuentro. El momento estalla en la ingenuidad de tus ojos. Y ese momento inesperado nos revela sus misterios. 

El tiempo no existe. Solamente existe el momento. Y sólo se recuerda, de la línea de la vida, la cordialidad hecha sueño de la maravilla de esos instantes prodigiosos.

El tiempo no existe. Solamente existe el momento: trozos de pétalos de música engarzados con guirnaldas de amor y voces unidas en un mundo de pasión.

jueves, marzo 3

LIBRE ELECCIÓN

Javier se dirigía a su casa. En el trayecto pasaba por un parque. Los árboles robustos, las figuras geométricas, los verdes arbustos y algunos colores morados oscuros le atraían su vista y se proyectaba en ellos. Le gustaba sentarse unos momentos para hacer un parón en su día. Tomar aliento y llenarse de oxígeno, vitalidad y alegría.

Dejaba volar su intelecto. Su vista se dirigía hacia arriba. Allí se mezclaba el cielo, las nubes, la brillantez de la luz y sus pensamientos enredados de la mañana donde no todo había salido como esperaba. Un pelín de inquietud respiraba su pecho. La mirada lo centraba. El cuerpo relajado. Sentado cómodamente siguiendo los ruidos de algunos niños acompañados de sus madres o de sus padres disfrutando del ambiente. 

Su mente pensaba: “Esta vida sería una maravilla si la sensación de miedo pudiera quitarse y desterrarse de nuestra alma”. Su voz salía de su interior como si reflejara esos pensamientos que se cruzaban y era bueno, en ocasiones, escucharlos además de pensarlos. 

“Sería oportuno quitar ese peso de miedo que en muchos momentos nos embarga. Lo tengo, aparentemente, todo. Sin embargo, hay algo en mi interior que me acecha y me pone dudas, como pensador, en algunos momentos”. 

Ese día había sido especial. Un poco intenso. Un poco ajetreado. Un poco pesaroso. Había leído un texto que un compañero le había dejado escrito en un trozo de hoja que se había metido en el bolsillo. Metió la mano y empezó, otra vez, a leerlo: 

“El ego no puede oír al Espíritu Santo, pero cree que parte de la mente que lo hizo está en su contra. Interpreta esto como una justificación para atacar a su hacedor. Cree que la mejor defensa es el ataque, quiere que tú creas eso también. A no ser que lo creyeses no te podrías poner de su parte, y el ego tiene gran necesidad de aliados, aunque no de hermanos”.

“Al percibir en tu mente algo ajeno a sí mismo, el ego hace del cuerpo su aliado porque el cuerpo no forma parte de ti. Esto hace del cuerpo el amigo del ego. Esta es una alianza claramente basada en la separación. Si te pones de parte de esta alianza no podrás sino sentir miedo porque te estarás poniendo de parte de una alianza basada en el miedo”.

Javier sentía esas dos fuerzas luchando en su mente. Sus razonamientos se mezclaban, se interferían. Buscaba la clarificación, la elección. Sabía que el ego no era creación divina. El ego se mostraba agresivo: “la mejor defensa es un buen ataque”. Pero Javier pensaba que la mejor defensa era una buena elección. El ego está cargado de contradicciones. Y en esas contradicciones veía su gran debilidad y su miedo cerval. 

Reconocía el miedo interno con algunas de las tretas del ego. Pero se daba cuenta que con una buena elección se podrían acabar las contradicciones, las sensaciones angustiosas y de pesar. La decisión por el Espíritu Santo era una opción maravillosa. 

Su cara se relajó. Su cartera parecía que no pesaba. La carga en el pecho que le oprimía fue desapareciendo. El oxígeno volvió a entrar con profundidad y su mirada en la distancia se llenaba de cielo, de verde, de nubes, de ilusión y de la grandiosidad de la luz del hermoso día.

miércoles, marzo 2

APOYAR SIEMPRE LA UNICIDAD

Eran las cuatro y media de la tarde. La clase estaba en su término medio. Todo discurría bien. Las explicaciones iban calando en los alumnos. Había paz, comprensión y apoyo.

El profesor propuso varios términos para su definición. En la última fila de la izquierda, observaba que las manos de una alumna trajinaban a la altura de su regazo, detrás de la mesa, detrás de los libros que tenía almacenados en el espacio debajo de la mesa. 

Todos pensaban, recorrían su mente, trataban de encontrar el significado de las palabras propuestas. De improviso, se levantó la mano de esta última alumna de la fila derecha y dio, con una precisión de diccionario, la definición de los términos con una delimitación impropia de cualquier persona. 

Todos conocemos muchos términos pero no poseemos esa definición estampada en los diccionarios por los académicos después de múltiples revisiones. 

El profesor asintió. Se quedó un tanto perplejo. Pero siguió la clase y siguió con sus explicaciones. Otro término lingüístico surgió. El profesor les indicó que lo consultaran en el diccionario. Pero, la citada alumna, volvió a dar la definición propia del diccionario. 

Ahora ya no se trataba de casualidad. Realmente había una causalidad. Todo el mundo callado en la clase. Hasta que alguien se atrevió a decir que la alumna en cuestión tenía el diccionario de la RAE en el móvil último modelo que se había comprado. Se había quitado el permiso de utilizar los móviles en clase. No estaban permitidos. Un conflicto en el aula por una utilización indiscriminada del móvil. 

La alumna atacó con fuerza a la compañera que la había descubierto. Ahora se entendían sus acuñadas definiciones. Le indicó que no era su amiga. Le aclaró que si hubiera sido su amiga, no la habría descubierto nunca. Y finalmente le afirmó que los que hacen eso no son realmente amigos de nadie. 

La atmósfera se enrareció en la clase: el enfrentamiento, la separación, el ataque verbal y el insulto contra la amistad. Todo un despliegue del “ego” que necesita del apoyo de los demás para mantener sus transgresiones de las normas y lucirse públicamente de su autosuficiencia. Ningún otro móvil de los compañeros tenían ese diccionario en el móvil. Tampoco lo utilizaban por su prohibición. 

Es bueno recordar que el ego necesita de la mal llamada “solidaridad”. Sonaba más a un chantaje que a una colaboración. Parecía más una amenaza que algo que compartir. Por ello, es bueno tener en la mente la claridad de las ideas que nos hacen tener los pensamientos adecuados y no confundir los términos.

“La diferencia entre la proyección del ego y la extensión del Espíritu Santo es muy simple. El ego proyecta para excluir, y, por lo tanto, engañar. El Espíritu Santo extiende al reconocerse a Sí Mismo en cada mente, y de esta manera las percibe a todas como una sola. La paz de Dios reside en ese mensaje, y, por consiguiente la paz de Dios reside en ti”. 

“El Espíritu Santo te fue dado con perfecta imparcialidad, y a menos que lo reconozcas imparcialmente no podrás reconocerlo en absoluto. El ego es legión, pero el Espíritu Santo es uno. Cada uno de nosotros es la luz del mundo, y al unir nuestras mentes en esa luz proclamamos el Reino de Dios juntos y cual uno solo”. 

Ante esta luz vemos como el ego clamaba ayuda como legión. El Espíritu Santo es uno y vive en todas las mentes por igual. La paz maravillosa es la que tiene el control. Es la verdad. Es la fortaleza de la unión. Por ello, nunca nos enfrentará l@s un@s con l@s otr@s.