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domingo, noviembre 19

LO DIFÍCIL NOS ATRAPA

Marcos estaba en clase escuchando con atención al profesor. Lo admiraba mucho. Su sabiduría entraba en su interior de forma natural sin cuestiones difíciles para elucidar. Todo era claro como el agua clara del arroyo que brotaba de fuentes puras. 

Escuchaba una anécdota que le había pasado en otra clase de la misma universidad. Los alumnos le decían que no era un profesor universitario. Era un profesor que dejaba todos los contenidos claros, sencillos, bien comprensibles. Le indicaban que para ser un buen profesor de universidad debía utilizar conceptos difíciles de comprender. 

Ese era el toque de ser buen profesor. En tanto que se clarificaba el contenido de los temas tenía más bien el tinte de otro tipo de enseñanza que la universitaria. Marcos se quedaba sorprendido. Enseñar, compartir el amplio conocimiento era vital. Si no se comprendía, no dejaba de ser una afirmación teórica. 

Esa anécdota le quedó en el corazón. Ahora, al leer esos textos, recordaba la incidencia de su profesor: “¡Qué simple es la salvación! Tan solo afirma que lo nunca fue verdad no es verdad ahora ni lo será nunca. Eso es todo. ¿Podría ser esto difícil de aprender para aquel que quiere que sea verdad?”

“Lo único que puede hacer que una lección tan fácil resulte difícil es no estar dispuesto a aprenderla. ¿Cuán difícil puede ser reconocer que lo falso no puede ser verdad, y lo que es verdad no puede ser falso? Ya no puedes decir que no percibes ninguna diferencia entre lo falso y lo verdadero”. 

“Se te ha dicho exactamente cómo distinguir lo uno de lo otro, y lo que tienes que hacer si te confundes. ¿Por qué, entonces te empeñas en no aprender cosas sencillas como estas?”

Marcos grababa en su mente donde radicaba la dificultad de aprender la salvación: “Lo único que puede hacer que una lección tan fácil resulte difícil es no estar dispuesto a aprenderla”. Esa saeta le dio en el blanco de su corazón. Esa saeta bien clara, bien comprendida encontraba su diana. 

Se preferían mil rodeos, se ponían de manifiesto elucubraciones, teorías, posibilidades para hacerla difícil de comprender. Quizás para tapar la decisión triste de que esa enseñanza no llegara a nuestra vida y la transformara. Nuestra mente quedaba así muy ufana. 

Tan osada que se atrevía a decir a un buen profesor que su docencia clara y sencilla no tenía altura universitaria porque todo se daba muy bien entendido. La mente se defendía y ponía sus criterios. Sólo nos quedaba vivir esas enseñanzas y descubrir los enormes misterios que llevaba en ella misma encerrados. 

Ese conocimiento profundo era inaccesible para aquellos que no osaban ponerla en práctica. Ni conocían su poder, ni conocían lo que escondía en una vida práctica. Pero, eso sí, se ufanaban de que lo sabían todo y ponían en entredicho a un profesor universitario.

lunes, noviembre 6

HABLAR EL MISMO IDIOMA

Samuel había comprobado infinidad de veces que hablaba un idioma distinto al de los demás. De ahí la falta de comunicación, la falta de entendimiento. No se trataba de hablar una lengua distinta, diferente. Se ceñía a un planteamiento distinto en la concepción del ser humano. 

No estaba de acuerdo con ciertas afirmaciones que se repetían de forma automática: “Piensa mal y acertarás”. “La mayoría de la gente es mala”. Esas ideas tachaban a las personas de un manto borroso que impedía verlas en su verdadera luz, en su verdadera magia. 

Sus impulsos interiores le llamaban a ver en los demás las mejores virtudes, las mejores decisiones y los encantos naturales de criaturas llenas de verdad. Esa doble mirada le distanciaba muchas veces de las personas. Ahí radicaban los dos idiomas que impedían la comunicación. 

“No trates de encontrar significado en sueños de separación. Sólo los sueños de perdón se pueden compartir, pues significan lo mismo para ti y para tu hermano”. 

“No hagas interpretaciones desde una perspectiva de soledad, pues lo que veas no tendrá ningún significado, y lo que representa cambiará. Y tú creerás que el mundo es un lugar incierto, por el que caminas en peligro, lleno de incertidumbre”. 

Son únicamente tus interpretaciones las que carecen de estabilidad, pues no están en armonía con lo que realmente eres. Es éste un estado tan peligroso en apariencia, que es imposible que no surja el temor. Hermano mío, no sigas por ese camino”. 

“Tenemos un solo Intérprete. Y a través del uso que Él hace de los símbolos nos unimos, y así, todos ellos tienen el mismo significado para todos nosotros”. 

“Nuestro idioma común nos permite hablar con todos nuestros hermanos, y entender con ellos que el perdón se nos ha otorgado a todos, y que, por lo tanto, podemos comunicarnos nuevamente”. 

Samuel comprendía mucho mejor, ahora, que esos idiomas distintos radicaban en la comprensión interna de nosotros mismos. Todos teníamos una parte común que habitaba en nuestro interior. Y esa parte común nos unía. 

Era cierto que también anidaba en cada uno esa parte donde radicaba la libertad personal. Samuel había decidido aplicar su libertad en apoyar esa parte común que todos teníamos por nacimiento. Era la vía para poder hablar el mismo idioma.

martes, octubre 24

LEYES QUE NOS LLENAN DE VIDA

Josué había pensado muchas veces en cambiar las leyes y adaptarlas a sus necesidades personales. Cambiar la hora del día sería una buena decisión si pudiera hacerlo. Sin embargo, reconocía que ese cambio afectaría a mucha gente que marchaba con sus planes y sus tiempos.

Cambiar la ley de la gravedad sería estupendo en algunos momentos. En otros, sería un trastorno muy grave. Se quedó impactado al descubrir que los enfermos no debían estar mucho tiempo en la cama después de una intervención. Caminar y dejar que la ley de la gravedad actuara en sus cuerpos era beneficioso para la recuperación. 

Las ilusiones podrían darnos algunas salidas. Pero, sin lugar a dudas, era mejor seguir esas leyes eternas que orientaban y guiaban nuestra vida. Los cambios, cuando eran personales y arbitrarios, crearían un caos total en nuestra convivencia. 

“La realidad obedece las leyes de Dios y no las reglas que tú mismo estableces. Son Sus leyes las que garantizan tu seguridad. Las ilusiones que creas con respecto a ti no obedecen ninguna ley”. 

“Parecen danzar por un rato, al compás de las leyes que tú promulgaste para ellas. Mas luego se desploman para no levantarse más. No son más que juguetes, hijo mío, de modo que no lamentes su pérdida”. 

“Su danza jamás te brindó felicidad alguna, pero tampoco eran cosas que pudieran asustarte o mantenerte a salvo si respetaban sus reglas. Las ilusiones (falacias) no deben ni apreciarse ni atacarse, sino que simplemente se deben considerar como juguetes infantiles, sin ningún significado intrínseco”. 

Josué asentía con su cabeza. Eran cosas sencillas de comprender. Eran cosas sencillas de aceptar y entender. Pero, en momentos, con esa veta que todos tenemos de creador, nos imaginábamos muchas cosas. La sabiduría era necesaria en esos momentos donde la ausencia de esas leyes equilibrantes nos desharía todo nuestro mundo. 

Y Josué pensó que en esa línea iba la desdicha del ser humano. Dejar de lado las leyes de la sabiduría, de la unidad, de la comprensión, de la solidaridad, y de las manos unidas, nos dividía interiormente a nosotros y nos iba rompiendo poco a poco ese tesoro de unidad que existía en nuestro interior.

jueves, octubre 19

EL CAMINO DE LIBERAR Y LIBERARSE

José se quedaba perplejo ante la pregunta que le interpelaba desde el escrito. La leía, la repetía y se la introducía en su mente. No llegaba a comprender del todo cómo algo tan sutil y cierto estaba hablándole desde las líneas escritas de aquel párrafo que había empezado a leer. 

“¿Qué motivos podrías tener para sentir ira contra un mundo que simplemente aguarda tu bendición para ser libre? Si fueses un prisionero, entonces Dios Mismo no podría ser libre. Pues lo que se le hace a quien Dios ama, se le hace a Dios Mismo”. 

“No pienses que Aquel que te hizo co-creador del universo junto con Él quiere aprisionarte. Él sólo desea que tu voluntad sea eternamente ilimitada. Este mundo aguarda la libertad que le otorgarás cuando hayas reconocido que eres libre”. 

Esto cambiaba todos los planteamientos en la cabeza de José. Siempre esperaba una acción del Creador hacia él y era todo lo contrario. Muchos habían considerado que debían cambiar a miles de personas para que el mundo cambiara. Conocía a personas que habían desistido de tal intento por lo enorme que era para las fuerzas humanas. 

Y, ahora, descubría que toda esa liberación radicaba en uno mismo. Había leído en algunos pensamientos que si quería cambiar el mundo empezara por uno mismo. Otros pensamientos eran muy explícitos: “no puedes cambiar a nadie excepto a ti mismo”.

El planteamiento que descubría era distinto: “Este mundo aguarda la libertad que le otorgarás cuando hayas reconocido que eres libre”. Se trataba de cambiar un concepto en el interior de uno. Se trataba de sentirse libre y saberse libre en lo más hondo del corazón humano. 

José iba pergeñando la idea, el concepto, la profundidad y el objetivo de la misma. Al ver al mundo desde su libertad, podía ver la libertad de muchos que también lo miraban desde la misma óptica. El refrán de la proyección resonaba en sus oídos: “Piensa el ladrón que todos son de su condición”. 

Si aplicaba la idea de libertad desde su interior: Sentirse libre, saberse libre, también se proyectaba en los demás y los liberaba en su mente. Al liberarlos en su mente, él mismo se liberaba. “No era tan difícil”, se repetía. Lo veía muy natural y posible. 

Sabía que no lo había alcanzado. Siguió leyendo para conocer por qué no lo había logrado: “Pero tú no perdonarás al mundo hasta que hayas perdonado a Aquel que te dio tu voluntad. Pues es a través de tu voluntad como el mundo se libera”. 

“Y tú no puedes ser libre estando separado de Aquel Cuya santa Voluntad compartes”.

domingo, octubre 15

CREADOR DE ESPINAS MENTALES

Luis se deleitaba con su cofre del tesoro y con su llave que podía abrirlo. Había descubierto la primera perla para vivir consciente de sus decisiones. Se repetía la primera propuesta que había lanzado: 

Hoy no tomaré ninguna decisión por mi cuenta

Pero junto a esa visión, vio que le acompañaba una espina en nuestra mente. Primero decidíamos la perla y después aparecía la espina oportuna: “El mayor problema que tienes ahora es que todavía decides primero lo que vas a hacer, y luego decides preguntar qué es lo que debes hacer”. 

“Y es posible que lo que oigas no resuelva el problema tal como lo percibiste inicialmente. Esto conduce al temor porque contradice tu percepción, de modo que te sientes atacado, y, por ende, furioso. Hay ciertas reglas mediante las cuales esto se puede evitar”. 

Esa contradicción en tu mente, ese contrasentido puede destruir la primera decisión: la de la perla. Y ese esfuerzo por descubrir qué es lo que debes hacer puede atormentarte y junto a la perla, le des una importancia excesiva a la “espina”. Y eso nos altera. 

“Siempre que te acuerdes de ello a lo largo del día y dispongas de un momento de calma para reflexionar, repítete a ti mismo nuevamente la clase de día que te gustaría tener, los sentimientos que deseas abrigar, las cosas que quieres que te sucedan, así como lo que quieres experimentar, y di:”

                       Si no tomo ninguna decisión por mi cuenta,                      ésa es la clase de día que se me concederá.

“Si practicas estos dos procedimientos debidamente, ello te ayudará a dejarte guiar sin temor, pues no permitirá que primero surja la oposición, para luego convertirse en un problema de por sí”. 

Luis se volvía consciente de que ese enfrentamiento surgía en nosotros. No era algo que nos venía del exterior. Era algo que nacía en nuestro interior. Esos dos momentos estaban muy bien delimitados: primero decido algo hermoso y maravilloso: la perla. Después pienso lo que debo hacer: la espina. 

Lo que debo hacer puede oponerse a la primera decisión. El conflicto lo creamos nosotros. Nadie lo crea. Así le venía a la mente de Luis en algunas de sus experiencias. Había tenido impulsos internos llenos de alegría, de comprensión, de buenos sentimientos y maravillosos. 

Después de varios días, entraba en el campo de lo que debía hacer. Los inconvenientes que surgían, venían a su mente, eran tan opuestos a su decisión inicial, que terminaba teniendo unas tremendas discusiones consigo mismo. Algunas veces se lamentaba de tener ciertos tipos de pensamientos muy comprensivos. 

Concluía que no estaba preparado para tener esos tiempos de pensamientos, de iniciativas y de locuras personales. Pero, ahora, se daba cuenta dónde estaba el error: él mismo se fabricaba “la espina”. Quería seguir conociendo ese mecanismo para ir deshaciendo “espinas” en su forma de pensar. 



domingo, octubre 1

TODO DENTRO DE TI

Santiago recordaba con cierta sonrisa una leyenda que iba circulando entre las personas en forma de acertijo. Se trataba del Creador. Quería poner la piedra preciosa de su reino eterno en un lugar para no ser descubierto fácilmente por los humanos. Todos irían en su búsqueda y sería difícil de encontrarlo. 

Lo cierto era que el encanto de la leyenda radicaba en subrayar el lugar donde el humano nunca lo buscaría. Dicen que el Creador pensó ponerlo en las profundidades marinas. Pero, al instante desvió su atención del mar. La respuesta estaba clara. El ser humano era capaz de rastrear sus profundidades. 

Pensó en ponerlo en los planetas. Los humanos no pensarían en ellos. Pero, tuvo que cambiar el lugar. La lejanía no le resolvía el problema. Sería mejor ponerlo cerca de donde viviera. Pero, en algún momento escarbarían y lo encontrarían. Por fin, encontró el lugar adecuado donde los humanos nunca buscarían. Lo pondría en su interior. El ser humano siempre piensa en el exterior. 

Santiago se reía interiormente con esta leyenda. Todo un Dios tratando de ocultar el tesoro del Reino de los Cielos de los humanos era una absurdidad. El Padre no podía pensar esas cosas. Hizo al hombre y no podía ponerlo nada más que en su interior. Su obra es el hombre. El Reino de los Cielos está en el hombre. 

¿Cómo iba a jugar el Creador con Su criatura? Todo un despropósito. La vida era lo más hermoso que el humano poseía. El único lugar donde podía poner ese Reino de los Cielos era en él mismo. Buscar ese Reino fuera de uno mismo no tenía sentido. 

“Hay un lugar en ti en el que este mundo en su totalidad ha sido olvidado, y en el que no quedan memorias de pecado ni de ilusiones. Hay un lugar en ti donde el tiempo ha desaparecido y donde se oyen ecos de eternidad”. 

“Hay un lugar de descanso donde el silencio es tan absoluto que no se oye ningún sonido, excepto un himno que se eleva hasta el Cielo paras brindar júbilo a Dios, el Padre y al Hijo”. 

“No creas que puedes cambiar el lugar donde Ellos moran. Pues tu Identidad reside en Ellos, y allí donde Ellos están, allí tienes que estar tú para siempre. La inmutabilidad del cielo se encuentra tan profundamente dentro de ti, que todas las cosas de este mundo no hacen sino pasar de largo, sin notarse ni verse”. 

Santiago sentía vibrar esa afirmación en su interior. Recordaba la afirmación de sabiduría de todos los siglos: “No te busques a ti fuera de ti mismo”. Nuestra realidad estaba en nuestro interior. No estaba fuera de nosotros mismos. 

Le pasaba por la cabeza también la afirmación de Jesús: “Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”. El Reino de los Cielos no estaba fuera. Estaba dentro de cada uno de nosotros. 

Sabiduría que iba atesorando Santiago dentro de sí. “Allí, dentro de ti, donde Ambos moran, allí Ambos son recordados. Y allí donde Ambos están, allí se encuentran el Cielo y la paz.

miércoles, septiembre 27

SIN DESHUMANIZAR NO SE PUEDE DESTRUIR

Marcos estaba viendo una película que le había captado totalmente la atención. Se trataba de un secuestro en una oficina bancaria. Había cogido como rehén a la directora y le había pedido medio millón de euros. La directora le dijo que sí, y que iba a la cámara acorazada a retirarlos. 

En ese camino uno de los empleados captó que algo no iba bien y pulsó la alarma. La directora tuvo que volver a su despacho. Con la activación de la alarma la cámara acorazada se cerró automáticamente. La situación se torció y el secuestrador se vio frustrado. 

Todo el resto de la película se centró en la personalidad del atracador. La policía pronto descubrió que no era un ladrón profesional. Con los datos que le iba llegando, pudo identificarlo a través de las cámaras de vigilancia. Se trataba del antiguo jefe de seguridad del banco. 

Durante veinte años había realizado su trabajo. Una crisis le obligó a la directora a prescindir de algunos trabajadores. Fue reemplazado por una persona joven que le pagaban la mitad de lo que le pagaban a él. Una vida rota, víctima de las decisiones del dinero. 

La mujer del atracador tenía alzheimer y estaba ingresada en una clínica. Iba a ser despedida de la clínica por no poder pagar la estancia. Esta circunstancia había motivado el secuestro. La película proporcionaba muchas reflexines. Pero hubo un detalle que se grabó en la retina y en el corazón de Marcos. 

En el momento final, el atracador totalmente desahuciado, empezó a esposar a la directora. Le puso un fuerte precinto de cinta americana en la boca. El jefe de policía que estaba en contacto con el atracador lo vio por la cámara. Le dijo a su segundo: “La está deshumanizando para poder matarla”. 

Esa frase quería decir mucho. El ser humano no podía matar a nadie. Matar a una persona era enfrentarse a él mismo. Para poder hacerlo, debía deshumanizar, despreciar la humanidad y pisotearla. Ese era el mecanismo que permitía matar a un semejante. 

“¡Cuán santo debes ser tú para que el Hijo de Dios pueda ser tu salvador en medio de sueños de desolación y de desastres! Observa cuán deseoso llega, apartando las densas sombras que lo mantenían oculto, para poder brillar sobre ti lleno de gratitud y amor”.

“Él es el mismo, pero no es el mismo solo. Y de la misma manera que su Padre no perdió parte de él al crearte a ti, así la luz en él es aún más brillante por tú haberle dado tu luz para salvarlo de las tinieblas”. 

“Ésta es la chispa que brilla en el sueño: que tú puedes ayudarle a despertar, y estar seguro de que sus ojos despiertos se posarán sobre ti. Y con su feliz salvación, te salvas tú”. 

Marcos veía luz en esas palabras. Comprendía esas palabras del policía. Podíamos deshumanizar a las personas, podíamos humanizarlas y, si se permitía, divinizar a las personas referido a su valoración. La elección estaba en nuestras manos. No se podía hablar mal de nadie sin quitarle su humanidad. 

Le quedaba claro en su mente, en sus ojos, en sus reflexiones y en sus decisiones. Deshumanizar a las personas le permitía hacerles daño. Pero, al deshumanizarlas, también él se deshumanizaba. Y para despertar del sueño, la acción era clara: había que humanizarlas y, si se permitía, divinizarlas.

martes, septiembre 19

UNIDADES MARAVILLOSAS

Josué estaba mirando al horizonte con mucha tranquilidad. La paz que le rodeaba le invitaba a entrar dentro de sí. La serenidad lo abrazaba y se sentía por momentos vibrar y elevarse por encima de los árboles. Su vista se hacía más extensa y su cuerpo parecía que se deshacía. 

Momentos de tranquilidad y momentos donde todo se ponía en armonía en su interior. Su mente empezó a centrarse en la influencia que tenía su mente en el funcionamiento de su cuerpo. Había leído que en un porcentaje elevado de 70% a 90% las enfermedades del cuerpo dependían de problemas en la mente. 

Se daba cuenta de que era más importante su mente que su cuerpo. Más importante por su papel director sobre el cuerpo. La alegría le despertaban ciertas sustancias en su corriente sanguínea. La tristeza le despertaba otras. Su cuerpo cambiaba según su estado interior. 

La ilusión desplegaba hormonas de alegría. La depresión las inhibía y no dejaba que el cuerpo se moviera de forma normal como todos los días. Todo estaba en la cabeza. Nada se refería al cuerpo. Durante mucho tiempo la medicina se había centrado en la solución inmediata de los efectos en el cuerpo. 

La misión de la medicina era quitar esos efectos. Pero no se dedicaba, por lo general, a buscar la causa que los había provocado. Esa actitud de la medicina nos había hecho despreocuparnos de la influencia de la mente en el cuerpo. Le gustaba mucho una frase que había leído: “si sana tu mente, sana tu cuerpo”. 

Josué, en esos momentos de quietud, veía que tener una mente clara, tranquila, serena y sabia era una influencia maravillosa para el cuerpo. Además del cuerpo, esa visión de la mente daba paz y salida a su vida interior. Todo estaba relacionado, pero la mente dirigía en cada momento. 

Le encantaba leer aquellas líneas. Eran sabiduría que su cuerpo interior le confirmaba. Quería seguir aquellas pisadas, quería continuar en ese camino de luz y de bien: “Has aceptado la causa de la curación. Por lo tanto, debes haber sanado”. 

“Y al haber sanado, debes ahora también poseer el poder de sanar. El milagro no es un incidente aislado que ocurre de repente como si se tratase de un efecto sin causa. Ni tampoco es en sí una causa”. 

“Pero allí donde está su causa, tiene que estar el milagro. Ahora se ha producido la causa, aunque aún no se perciba. Y sus efectos se encuentran ahí, aunque aún no se vean”. 

“Mira dentro de ti ahora, y no verás motivo alguno para estar arrepentido, sino razones para sentir un gran regocijo y para abrigar esperanzas de paz”. 

Josué sentía que sus pulmones se ensanchaban. Adquirían aire con un potencial de oxígeno mayor. Su mente dejaba que las hormonas positivas se vertieran en el riego sanguíneo y desde ese camino tan estupendo le mandaba un mensaje de bienestar al cuerpo. 

Durante años había ido cambiando sus actitudes, sus procesos y sus formas de enfrentar las contrariedades. Estaba seguro que su forma aprendida desde pequeño no era la única, la vital, la verdadera ni la suya. Había otra forma de superar escollos con actitudes más sabias, más apropiadas y adecuadas a la sabiduría que iba ganando. 

Esos momentos de superación repercutían en el cuerpo. Los tiempos de tensión arterial disminuían por su paz continua y constante. Los vertidos de hormonas negativas en la sangre para marcar miedo, temores, angustias y ansiedades, iban disminuyendo. 

La confianza que iba desarrollando iban cambiando la química de su cuerpo. Y por ello, entendía esa afirmación: “has aceptado la causa de la curación. Por lo tanto, debes haber sanado”. Su mente había cambiado. La producción de hormonas tanto positivas como negativas había cambiado. 

Su forma de reaccionar había cambiado. La forma de actuar de su cuerpo había cambiado. Por ello se repetía: “El milagro no es un incidente aislado que ocurre de repente como si se tratase de un efecto sin causa. Ni tampoco es en sí una causa. Pero allí donde está su causa, allí tiene que estar el milagro”. 

Josué cerraba los ojos y veía esa visión maravillosa del horizonte en su interior. Dejaba que la luz de los cielos se desarrollara en su corazón, en su pecho, en su corriente sanguínea y en sus respiraciones armónicas. Toda una unidad abrazada por la brisa que soplaba y por la alegría de la unión con el Todopoderoso.

lunes, septiembre 18

EXPERIENCIAS DE DIGNIDAD

Benjamín estaba sentado en una de las mesas del comedor con su esposa tomando la comida. Estaban en una institución educativa. Él quería introducirse en estudios superiores y su esposa le ayudaba y lo apoyaba. Un proyecto que realizaron al año de haberse casado y estaban los dos entusiasmados. 

Los estudios eran su vida y no podía dejar pasar aquella ocasión. No lo dudaron ni un instante. Dejaron su casa en la ciudad. Lo prepararon todo y se fueron a vivir en aquella residencia de estudiantes en la planta de casados. Después de todo era la realización de un sueño que siempre había estado en sus mentes. 

Todos los participantes en los estudios debían colaborar con una de las necesidades diarias de la residencia. Era parte de la educación. No solo se cultivaban las facultades intelectuales sino las experienciales y de servicio. Una forma de abrirse a la comunidad en todos sus servicios. 

Colaboraba en la limpieza de los utensilios de la comida ciertos días de la semana. Además de eso estaba esperando otro cometido. En esos momentos mientras comía en aquella mesa, veía al responsable de los servicios dar vueltas alrededor de ellos. Al principio no le dio ninguna importancia. Siempre era una persona ocupada y su cabeza tenía muchos temas al mismo tiempo. 

Siguieron comiendo. Pero, la mirada del responsable se posaba en su mesa y, en ocasiones, se cruzaban los ojos. Se volvía a ir y volvía a venir. Era un comportamiento un tanto errático. Cuando terminaron de comer, llevaron los platos a su lugar y limpiaron la mesa. 

Al estar por abandonar el local, se atrevió a acercarse a Benjamín. Le dijo que deseaba consultarle algo. Benjamín accedió y le dijo que estupendo. Con cierto titubeo el responsable de servicios le dijo que había pensado en una tarea para proponerle, pero no se atrevía del todo a decírselo. 

Se quedó perplejo un tanto Benjamín ante esa actitud. No creía que fuera una persona delicada ni difícil. Al final le compartió que necesitaba que se hiciera cargo todos los días, a eso de la media tarde, de llevar en la furgoneta la basura de la cocina del día hasta la zona de vertidos. 

Benjamín no lo dudó ni un instante. Le contestó que sí. El responsable de servicios le pidió disculpas por haber dudado de su disponibilidad. Le indicó que le hacía un gran favor y que una persona de sus características era la oportuna para realizar esa tarea. Le aseguró que le había quitado un peso fuerte de su responsabilidad. 

“¿Cómo no ibas a percibir como liberación del sufrimiento el darte cuenta de que eres libre? ¿Por qué no habrías de aclamar a la verdad en vez de considerarla un enemigo?”

“¿Por qué razón te parece arduo, escabroso y demasiado difícil de seguir una senda que es fácil y que está tan claramente marcada que es imposible perderse?”

“¿No será acaso porque consideras que es el camino a la perdición en vez de una manera sencilla de encontrarte en el Cielo y en Dios que no exige ni sacrificios ni pérdidas?”

“Mientras no te des cuenta de que no renuncias a nada y de que es imposible perder, habrá veces de que te arrepentirás de haber elegido este camino. Y no verás los muchos beneficios que tu decisión te ha aportado”. 

“No obstante, aunque tú no los veas, están ahí. Su causa ya los produjo, y los efectos tienen que estar allí donde su causa ha hecho acto de presencia”.

Benjamín se confirmaba en sus decisiones. Lo tuvo claro desde el principio. Cada tarde se dedicaba a la recogida de todos los cubos de desperdicios y los vertía en el lugar adecuado unos cuantos kilómetros apartado. Después volvía y con agua abundante los limpiaba, los dejaba relucientes y los ponía en su lugar. 

La tarea fue una bendición en su vida. Estaba dispuesto a encarar cualquier situación. Descubrió la dignidad del servicio. La dignidad de todas las tareas. La altura de las personas que se dedicaban a hacer que la vida de los demás fuera tranquila, sencilla y agradable. El camino hacia el Cielo pasaba por aquellas acciones de vertido y limpieza. 

Así cuando estudiaba, comprendía, investigaba y descubría, sabía poner en su lugar adecuado esa sabiduría en un ambiente de servicio, de comprensión, de valoración de cada detalle por sencillo que pareciera. Le puso claro en su mente esa seguridad de que la libertad había entrado en su vida.

viernes, septiembre 15

REACCIONAMOS POR CONFUSIÓN

José escuchaba atento las palabras desconsoladas de su amigo Alberto. Él había tenido una conversación con uno de sus amigos. Todos los días recibían un mensaje de atención y de ánimo para indicar que esa relación de amistad entre ellos iba viento en popa. Ese intercambio de mensajes les llenaba a ambos. 

Un día el amigo de José decidió dejar de compartir ese mensaje diario que tanto bien les hacía a los dos. Al amigo de José le llenaba pensar en esa persona. Se deleitaba en exponerle sus pensamientos y sus mejores deseos para él. Su amigo lo recibía y respondía muy bien a esos ánimos que recibía. 

Lo bueno del caso era que, ese dejar de enviar el mensaje, parecía que se hacía para bien, para hacer reaccionar a la otra persona, para que alcanzara los objetivos que el amigo de José deseaba para su amigo. Pero, su amigo entendió todo lo contrario, que ya no le inspiraba ningún pensamiento precioso, hermoso, inspirador y de apoyo. 

Se calló y aceptó el silencio como método de la falta de unión entre ellos. Ese hilo que se había tejido entre ambos empezaba a resquebrajarse sin desearlo ninguno de los dos. Ciertas decisiones tenían esa apariencia. La comunicación empezó a decaer y la soledad, otra vez, los invadió y dejaron de sentir esa vibración conjunta. 

José se estaba enterando de todos los detalles por su amigo. Se sentía solo, helado, frío, vacío y desorientado. Una amistad se había truncado sin haberlo buscado. Pero cada decisión de soledad tenía su fuerza en la comunicación. Todo empezaba con mucha fuerza, con mucha novedad, con muchas campanas de promesas preciosas. 

Pero, mantener esas expectativas era otra cosa. La tranquilidad, la sistematicidad, el detalle de cada día iba afinando realmente lo que nuestro corazón sentía. El desconsuelo lo invadió. El vacío le hacía daño en esa situación. ¿Cómo revertir tal chasco?

José le invitó a su amigo a realizar con él aquella lectura que tenía entre manos. Una equivocación delicada en nuestra vida. “Aquí es donde más claramente se puede ver el temor a Dios. Pues el amor es traicionero para aquellos que tienen miedo, ya que el miedo y el odio siempre van de la mano”. 

“Todo aquel que odia tiene miedo del amor y, por lo tanto, no puede sino tener miedo a Dios. Es indudable que no conoce el significado del amor. Teme amar y ama odiar, y así, piensa que el amor es temible y que el odio es amor”. 

“Esto es lo que inevitablemente les sucede a todos aquellos que tienen en gran estima a esta pequeña brecha, creyendo que es su salvación y esperanza”. 

José y su amigo se miraban frente a frente. Se quedaron pensativos. Estaban pensando en las ideas que habían pasado delante de sus ojos y estaban alojadas en el cerebro reflexionando. El amigo de José expuso que las cosas se veían de forma diferente desde la paz y desde el sosiego. 

Muchas decisiones nacían de reacciones que no se dominaban. Eran unos impulsos que salían del interior y que no les daban el tiempo para sopesarlos, pensarlos, reflexionarlos y ver el efecto que tenían en los demás. Necesitábamos ser cuidadosos. 

Era algo así como remover el agua donde había barro y el agua se teñía de marrón quitándole la nitidez de la claridad. Así éramos los humanos: aguas revueltas por las emociones de inquietud y desasosiego. Nos faltaba la paz y el momento oportuno para reflexionar cada uno de nuestros pasos. 

Con esa confusión, con esa turbulencia de falta de claridad se podía entender esas palabras que hacían temblar: “Teme amar y ama odiar, y así, piensa que el amor es temible y que el odio es amor”. Un mal diagnóstico por falta de claridad, una reacción inadecuada por falta de sabiduría. 

Ahora el amigo de José veía con claridad su confusión. La conversación y la unión había servido para devolverle al agua esa cualidad de nitidez que nuestras decisiones precipitadas no nos dejaban ver.

lunes, septiembre 11

EN TODO LO MARAVILLOSO NO HAY "EGO"

Luis había aprendido algunos detalles sobre el “ego” y trataba de ir asimilándolo poco a poco. No había escuchado mucho sobre dicha cualidad en los seres humanos. No era una palabra de uso común entre las personas. Se circunscribía a los ambientes humanísticos, psicológicos, filosóficos de la constitución de las personas. 

Se estaba clarificando un poco esa definición y con la asimilación en su vida práctica de dicho concepto. El “ego” se hacía presente cuando se conseguían logros después de un esfuerzo continuado. La cima de la consecución era esa alegría de conquista y de refuerzo personal. Te hace sentir importante. 

Te mirabas en el espejo, y cada uno se decía a sí mismo lo bueno que era por haberlo logrado. Era lo que la sociedad esperaba de mí. Era lo que mis padres esperaban de mí. Era lo que yo había soñado por mucho tiempo. Al fin se había conseguido. 

Luis entendía que hasta cierto punto era muy bueno tener esas sensaciones. Una fuerza nueva salía de su interior por sus logros concretos y apreciados. Se dio cuenta de que el “ego” funcionaba siempre en grupo. Era una forma de jactarse frente a los demás de los nuevos desafíos alcanzados. 

Era cierto que estábamos siempre aprendiendo y siempre ampliando nuestro campo de conocimiento y de comprensión. Esos diversos puntos donde nos dábamos cuenta de que el horizonte cambiaba era maravilloso. Como experiencia individual no había nada que reprocharle a esa sensación. 

Lo pernicioso del “ego” era la idea de que había que alcanzarlo para ser algo en el grupo de amigos, de trabajo, de familia, de los hijos y de los demás. El “ego” más que una consecución privada, era algo que se debía alcanzar porque los demás lo habían establecido. Y esas normas no escritas eran las que definían al “ego”. 

Luis se daba cuenta de que hacía muchos progresos en muchos campos. Era estudioso, dedicado, reflexivo y profundo. Pero no se jactaba de ello frente a nadie. No exponía su estudio como algo que lo destacara de los demás. Aceptaba su esfuerzo con una naturalidad sana y sin sentirse más que nadie. 

El “ego” tenía una forma matemática expresada en “soy mejor que….”. Luis se daba cuenta que, en el terreno personal, la búsqueda de nuevos caminos para realizarse personalmente no podía recorrer los caminos del “ego”. Si aceptaba que esos caminos estaban dentro de él mismo, lo único que ocurría era que los dejaba salir sin problemas. 

No se trataba de alcanzar nada, no se trataba de desafíos, no se trataba de logros personales que se podían ostentar. Era más bien un reconocimiento de que algo vibraba en el interior y se escuchaba esa voz que cada persona tenía dentro de sí. 

“La hermosa relación que tienes con todos tus hermanos es parte de ti porque es parte de Dios Mismo. ¿Cómo no ibas a enfermar si te niegas a ti mismo tu plenitud, tu salud, tu Fuente de ayuda, la Llamada a impartir curación y la Llamada a curar?”

“Tu salvador espera la curación y el mundo espera con él. Y tú no estás excluido, pues la curación, o bien será una sola o bien no tendrá lugar en absoluto, ya que en el hecho de que es una radica la curación”. 

¿Qué podría corregir a la separación sino su opuesto? No hay términos medios en ningún aspecto de la salvación. O bien la aceptas completamente o bien no la aceptas en absoluto. Lo que no está separado tiene que estar unido. Y lo que está unido no puede estar separado”. 

Luis se quedaba tranquilo. Una vez conseguida esa comprensión de unidad con los hermanos sabía que era una parte que estaba dentro de nosotros. No era, por tanto, ningún logro para compartirlo como una idea de ser “mejor que los demás”. El camino de la liberación iba por el sendero de la humildad. No iba en la dirección de destacar sobre los otros. 

Le quedaba muy claro. Era una parte nuestra. Le llegaba mucho la idea de que al no aceptarlo como parte nuestra enfermábamos: “¿Cómo no ibas a enfermar si te niegas a ti mismo tu plenitud, tu salud, tu Fuente de ayuda, la Llamada a impartir curación y la Llamada a curar?”

Ponía los puntos en su justo lugar. Eso nos daba paz, tranquilidad, serenidad y una sensación de estar todos unidos en la mente y en la consciencia que nos dio nuestro Creador.

domingo, septiembre 3

DAMOS LO QUE ELEGIMOS SER

Rafa empezaba a comprender el consejo que una amiga suya, a la que apreciaba mucho por su inmensa sabiduría, le había dado a su esposa. Le había dicho que se fuera por las tardes, después de salir del trabajo a mirar y ver escaparates. 

Inicialmente no lograba entenderlo del todo. Tenía la intuición de que esa actividad le hacía olvidar los asuntos del día que siempre estaban en su cabeza dando vueltas y más vueltas. Y esas ideas acababan con su resistencia. La vencían y la abatían totalmente. 

Había descubierto que una forma de vencer esos pensamientos era pasarlos por el tamiz de la verdad o el tamiz de sus imaginaciones. Cuando lograba pasarlos por el tamiz de la verdad, llegaba con facilidad a la conclusión y a la idea que debía hacer. 

Cuando lo pasaba por el tamiz de sus imaginaciones, era incapaz de pararlos, de fijarlos, de entenderlos y de ponerles el marco oportuno. Esos dos tamices eran muy importantes en el devenir de su vida. Había momentos donde el tamiz de verdad se imponía y le daba mucha paz en sus procesos, en su vida y en sus manifestaciones. 

Mirar escaparates era una forma de focalizar la mente en otras cosas y actuaba como una medicina excelente. La mente se interesaba por otras cosas, por otros detalles, por otras actividades y se olvidaba de aquellos asuntos recurrentes que le quitaba la paz de todas todas. 

“Lo que les confiere realidad a los perniciosos sueños de odio, maldad, rencor, muerte, pecado, sufrimiento, dolor y pérdida es el hecho de compartirlos. Si no se comparten, se perciben como algo sin sentido”. 

“Pues al no prestarles apoyo dejan de ser una fuente de miedo. Y el amor no puede sino llenar el espacio que el miedo ha dejado vacante porque ésas son las únicas alternativas que existen”. 

“Donde uno aparece, el otro desaparece. Y el que compartas, será el único que tendrás. Y tendrás el que aceptes, pues es el único que deseas tener”. 

Rafa veía la gran verdad del consejo que recibió su esposa. Seguía el camino de la focalización. Era una decisión nuestra y estaba en nuestras manos. Siempre había que focalizarse en algo distinto para evitar la recurrencia de las ideas que nos quitaban la paz. 

En esa línea, siempre le impresionaba la actitud de cierto señor que nunca tenía una palabra de censura para nadie. Sólo sabía reconocer las bondades de los demás, los logros de los demás, la felicidad de los demás. Les daba su mejor sonrisa. Los apoyaba y siempre una palabra de amabilidad salía de sus labios. 

Cierto día, al preguntarle por esa actitud tan sabia, Rafa recibió una respuesta que todavía la guarda en su corazón. “Si quiero vivir la paz, debo compartirla. Si quiero vivir la alegría, debo ofrecerla. Si quiero sentir la energía conjunta, debo practicarla. Es nuestro camino en la vida”. 

Rafa se repetía las palabras finales del párrafo: “Donde uno aparece, el otro desaparece. Y el que compartas, será el único que tendrás. Y tendrás el que aceptes, pues es el único que deseas tener”.

miércoles, agosto 30

LOS SUEÑOS NOS DISTORSIONAN

Juan se sonreía en su interior al escuchar aquellos consejos que le estaban dando unos vendedores de libros. Eran jóvenes de unos 22 años que trataban de llevar libros de formación a muchas familias. Abordar a la gente no era nada sencillo y, en ocasiones, eran osados e iban a los ejecutivos de algunas empresas. 

Unos decían que ellos nunca se atreverían a tanto. Los jóvenes indicaban que cuando se encontraban delante de esos ejecutivos, la primera emoción, pensamiento, y automatismo, que surgía, en ellos, era el miedo, el temor, el excesivo respeto y el sentimiento de ser como una hormiguita frente a ese señor. 

Bueno, ya se sabía que los sueños siempre magnificaban las situaciones. El miedo era el gran distorsionador de la situación. Durante el sueño de una noche, en muchas ocasiones, el pánico era tal que se debía uno despertar. Imaginad, continuaban explicando, que esa presencia frente al ejecutivo era un sueño. Y por tanto, como todos los sueños magnificantes. 

Así no era posible vender ningún libro formativo. Era una imposibilidad. Su mera presencia nos aplastaba. En cambio, había que salirse del sueño. Esos ejecutivos eran personas normales. Se levantaban cada mañana como nosotros y se aseaban como nosotros y tenían sus necesidades fisiológicas como nosotros. 

Al imaginar a esos ejecutivos en sus funciones fisiológicas normales, el sueño desaparecía en su magnificencia y la naturalidad del ser se presentaba con toda su naturalidad. Al mirarlos y ver en ellos personas normales, no extraterrestres ni máquinas de guerra, se les podía hablar, hacer pensar, crear inquietudes y tocar alguna fibra con buen sentimiento que anidara en su interior. 

El sueño de la desigualdad debía desaparecer. La realidad de un ser con las mismas necesidades que nosotros nos igualaba y nos hermanaba. Esos pensamientos eran clave para poder compartir una charla natural, amena, agradable y de acercamiento. 

Juan veía que era una buena técnica. No dejarse llevar por el sueño. No dejarse llevar por el miedo. No dejarse llevar por la exageración de la situación. En ocasiones se podría contactar con esas personas. En otras ocasiones, seria imposible. Pero eso era la libertad que todo ser tenía. 

No se basaba en el miedo ni en el sentimiento de inutilidad ante esa mole imaginada del sueño. Juan comprendía mucho mejor los conceptos que se deslizaban en esas líneas. “Entre vuestras mentes, sin embargo, no hay ninguna brecha”. 

“Unirte a sus sueños significa que no te unes a él, pues sus sueños lo separan de ti. Libéralo, por lo tanto, proclamando sencillamente tu hermandad con él y no con sus sueños de miedo”. 

“Ayúdale a que reconozca quién es, negándote a apoyar sus ilusiones con tu fe y con tu confianza, pues si lo haces, no podrás sino tener fe y confianza en las tuyas. Y al tener fe y confianza en las tuyas, él no podrá liberarse y tú te quedarás atrapado en sus sueños”. 

“Y sueños de terror vendrán a rondar la diminuta brecha, la cual está poblada únicamente por las ilusiones que habéis apoyado en la mente del otro”. 

Juan respiraba con tranquilidad. Antes de conocer esas posiciones del sueño y de la naturalidad de cada uno, lo hacía por intuición. Muchas personas que, al inicio, aparecían como gigantes grotescos que intimidaban totalmente con su mirada y el porte de su cara, acababan abriendo su corazón. 

Juan recordaba una conversación muy agradable que tuvo con uno de ellos. Después de una conversación de esas que no suelen florecer en la vida, le abrió su corazón. Ante los principios que había compartido con él en el terreno de la enseñanza, de la formación, del trato con las personas, sus ojos se humedecieron y la emoción titiló en sus ojos. 

Le dijo a Juan: “Daría todo mi dinero que poseo por tener esos principios que me estás compartiendo. Es el ansia más grande de mi corazón”. Juan se quedó de piedra. Una vez más se decía, para sí mismo, que detrás de una fachada imponente distorsionada por el sueño, había un ser con una realidad natural y auténtica. 

Juan iba andando el camino. Los sueños distorsionaban todo. La comprensión, la mano tendida, la cara comunicativa, las vibraciones unidas y un entendimiento conjunto mutuo, hacían maravillas en el corazón humano.

sábado, agosto 26

LIBERTAD SUPREMA EN NUESTRO CORAZÓN

Marcos estaba descubriendo un concepto de libertad que nunca había considerado. Una libertad de elección total en la vida personal de cada uno. Decirlo sonaba bien, muy bien. Admitirlo intelectualmente costaba lo suyo. Salvar a una persona podía pasar incluso por encima de ella. 

Sin embargo, la libertad del ser humano era máxima y sagrada. La libertad del ser humano era poderosa e inexpugnable. Nadie podía quitársela, inclusive el propio Creador. Todo el poder del mundo, de las personas, de los vientos, de los mares y de los huracanes, se estrellaba frente a la libertad de una persona. 

Era el tesoro más grande que aparecía ante los ojos de Marcos. Era una cualidad que nunca había considerado de la debida manera. Era una posición jamás tenida en cuenta. Siempre había una voz que, por detrás, decía: “harás lo que yo quiera”. 

Y ahora descubría que eso era falso. Era un engaño. El corazón no se podía cambiar por presión externa. El corazón era el cetro del reino de la persona donde nadie accedía para quitarle la libertad sin su consentimiento. Debía permitirlo plenamente él. 

Muchos le habían comentado a Marcos la fuerza que habían ejercido para engañar a otros. Los demás podían ser manipulados y dirigidos. La libertad siempre la decidía la persona. Podía entregar su tesoro a quien él deseara hacerlo. Pero era siempre su decisión. Nadie podía hacer nada. 

La decisión personal era la roca sobre la que estaba plantada la tienda de cada persona. La decisión personal era el baluarte sobre el que chocaban las tormentas de la vida. Nada podía vencerla. Solamente él, únicamente él, debía decidirlo. Y esa verdad pasaba desapercibida en un mundo aparente y lleno de engaños. 

“Dios Padre tiende el puente, pero sólo en el espacio que el milagro ha dejado libre y despejado. Mas él no puede tender un puente sobre las semillas de la enfermedad y la vergüenza de la culpabilidad, pues no puede destruir una voluntad ajena que Él no creó”. 

“Deja que los efectos de ésta desaparezcan y no te aferres a ellos desesperadamente, tratando de conservarlos. El milagro los hará a un lado, haciendo así sitio para Aquel Cuya Voluntad es venir y tender un puente para que Su Hijo regrese a Él”. 

Marcos veía que su concepto de encuentro con Dios Padre cambiaba radicalmente. Era un encuentro de libertades totales. Era un encuentro de latidos similares en los pensamientos de ambos. No se iba a Dios por los regalos enormes que podía compartir con nosotros. 

No se iba a Dios como esa aspiración de vencer a la muerte, a la enfermedad y a los inconvenientes de la vida. Se iba a Dios porque se reconocía que nos habíamos equivocado. Admitíamos que habíamos estado totalmente desacertados en nuestros planteamientos y habíamos adquirido Sus pensamientos con claridad, con consciencia y con una conversación cara a cara.

Habíamos reconocido en nosotros la presencia del Creador en la mitad de nuestro corazón. Nos habíamos completado en libertad con la otra parte por decisión personal nuestra. 

Marcos abría los ojos y veía que no era hacer un seguro para tener un futuro mejor. Los seguros se pagaban con dinero. Algunos los pagaban con sacrificios. El encuentro con el Eterno no era una póliza de seguros. Era, en primer lugar, un encuentro con nosotros mismos. 

Un descubrimiento del tesoro que había dispuesto en nosotros nuestro Creador y una aceptación total, por parte nuestra, de ese tesoro por ser conscientes de que era nuestra natural creación. Con ese trabajo de la consciencia: 

“El milagro los hará a un lado, haciendo así sitio para Aquel Cuya Voluntad es venir y tender un puente para que Su hijo regrese a Él”. ¡Maravillosa libertad de nuestro corazón!

martes, agosto 22

UN NUEVO RENACER

Guille estaba muy contento. La alegría le subía por todas las venas de su organismo. Era una energía limpia y plena. Era una alegría saturada de guirnaldas y luces. Su corazón, firme y seguro, le daba la confianza y le indicaba que todo iba de mil maravillas. Una situación increíble. 

Era un bonito momento de su vida. Repasando los años pasados, se paraba en los años cuando pasó de una etapa a otra. A sus doce años tuvo un cambio muy significativo en su desarrollo. Dejaba atrás una etapa preciosa de niñez y se abría hacia adelante en una etapa mucho más consciente de la vida. 

Nuevas energías, nuevas posibilidades, nuevos horizontes y nuevas ideas surcaban su mente de una forma rápida, endiablada, veloz y mágica que lo catapultaban a nuevas experiencias que no se habían esperado nunca en la vida. Eran esos momentos donde la experiencia nos sorprendía.

Dejaba atrás sus estudios primarios. Empezaba su primer trabajo en una oficina. Recibía, por primera vez, su primera paga dentro de una agenda. Era su primera agenda. La comprensión del mundo cambiaba. La comprensión de las personas era distinta. La comprensión de sí mismo se abría a nuevos planteamientos. 

En momentos, no sabía cómo contener toda esa serie de novedades que se plantaban en su vida como las sombrillas en la arena para protegerse del sol. Su playa natural y poco frecuentada se poblaba de cientos de pensamientos a los que les daba la bienvenida y les decía desde su interior: “es una maravilla”. 

Leer aquellos párrafos después de haber vivido muchos años con ideas confusas, no claras y, en algunos momentos, resignadas, le infundía un valor y una luz hasta entonces desconocida: “Este mundo está repletos de milagros. Se alzan en radiante silencio junto a cada sueño de dolor y sufrimiento, de pecado y culpabilidad”. 

“Representan la alternativa al sueño, la elección de ser el soñador, en vez de negar el papel activo que has desempeñado en la fabricación del sueño. Los milagros son los felices efectos de devolver la enfermedad – la consecuencia – a su causa”. 

“El cuerpo se libera porque la mente reconoce lo siguiente: “Nadie me está haciendo esto a mí, sino que soy yo quien me lo estoy haciendo a mí mismo”. Y así la mente queda libre para llevar a cabo otra elección”.

“A partir de ahí, la salvación procederá a cambiar la dirección de cada paso dado en el descenso hacia la separación. Y así lo hará hasta que todos los pasos hayan sido desandados, la escalera haya desaparecido y todos los sueños del mundo hayan sido deshechos”. 

Guille se quedaba extasiado con esa propuesta que se deslizaba delante de sus ojos. Un nuevo mundo se abría con poder y con mucha, mucha, comprensión. Se repetía alguno de los párrafos: 

“El cuerpo se libera porque la mente reconoce lo siguiente: “Nadie me está haciendo esto a mí, sino que soy yo quien me lo estoy haciendo a mí mismo”. Y así la mente queda libre para llevar a cabo otra elección”.

Guille entreveía un nuevo renacer en su forma de pensar, en su forma de considerar las cosas como lo había hecho hasta entonces. Un nuevo Guille aparecía y debía rehacer muchas de sus conclusiones a las que había llegado. Pero, no llegaba tarde. Le llenaba de ilusión la última propuesta: 

“A partir de ahí, la salvación procederá a cambiar la dirección de cada paso dado en el descenso hacia la separación. Y así lo hará hasta que todos los pasos hayan sido desandados, la escalera haya desaparecido y todos los sueños del mundo hayan sido deshechos”.

Quería grabarlo en su mente, en su alma, en su corazón, en su respiración. Quería grabarlo en las paredes de su casa, en sus reflexiones y en los momentos donde debía tomar decisiones. “Y así lo hará hasta que todos los pasos hayan sido desandados, la escalera haya desaparecido y todos los sueños del mundo hayan sido deshechos”.

viernes, agosto 18

LIBERTAD AUTÉNTICA RESUENA EN EL CORAZÓN

Daniel pensaba en el concepto de la vida como sueño. Recordaba la obra de Calderón “La vida es sueño”. Al adentrarse en ese concepto de vida y sueño unidos le llamaba la atención la importancia que había tenido antaño. “La concepción de la vida como un sueño es muy antigua, existiendo referencias en el pensamiento hindú”. 

“La mística persa, la moral budista, la tradición judeocristiana y la filosofía griega. Por eso ha sido considerada incluso un tópico literario”. El tema central es la libertad del ser humano para configurar su vida, sin dejarse llevar por un supuesto destino.

El tema central de la libertad era lo que más le llegaba a Daniel. Un sueño en el que nosotros podíamos elegir. Esa capacidad de elección valoraba la libertad por encima de otra virtud. La libertad era sublime. 

Otro concepto de la vida como una obra de teatro lo había adquirido en sus clases universitarias. Cierto día el profesor le dijo que todos éramos actores y representábamos el papel que habíamos escogido. Bastaría que pusieran una pantalla delante de nosotros para convertirnos en una obra de teatro. 

Cada uno era un excelente actor. Conocía todos los secretos del personaje. No le eran ajenos sus emociones. Sus pensamientos eran claros para él. La representación teatral de cada uno de nosotros era perfecta. También aquí sobresalía la libertad. La libertad era máxima para darle al personaje tal u otro tinte, sesgo, significado en el medio de desarrollo. 

Los buenos actores se metían en sus personajes. Les daban su energía, su cariño, su ilusión para sacar de ellos miradas nuevas y atrevidas. Era una simbiosis entre las características del personaje y las suyas propias. La libertad era máxima. 

Y en esa libertad nadaban los actores. Esos actores éramos nosotros. Lo primero que destacaba era la falta de estudio personal del personaje. Seguíamos unos patrones automáticos. Pero, muchas veces, no podíamos dar idea del porqué. Nos faltaba un conocimiento racional y de consciencia de nuestro personaje. 

Según nuestro esfuerzo de comprensión salía un personaje u otro. Ese era nuestro juego de la vida. Sin esfuerzo ni comprensión, sólo salían automatismos. Con dedicación y profundidad se descubrían del personaje verdaderas maravillas. Así los buenos actores se alejaban de los demás actores. 

Daniel aprendió que para representar el personaje de la vida debía estudiarlo, comprenderlo, practicarlo y sacar las mejores vetas de su tesoro. “En realidad no ha ocurrido nada, excepto que te quedaste dormido y tuviste un sueño en el que eras un extraño para ti mismo y tan solo la parte del sueño de otro”. 

“El milagro no te despierta, sino que simplemente te muestra quién es el soñador. Te enseña que mientras estés dormido puedes elegir entre diferentes sueños, dependiendo del propósito que le hayas adscrito a tu soñar”. 

“¿Deseas sueños de curación o sueños de muerte? Un sueño es como una memoria, en el sentido de que te presenta las imágenes que quieres que se te muestren”. 

La definición del sueño como memoria también destacaba la idea de la libertad. Ponía de manifiesto quién era el que elegía las imágenes del sueño. Libertad en el sueño de Calderón, libertad en la vida como representación, libertad del sueño como memoria. Toda una explosión de libertad convergía en esos acercamientos a la interpretación de la vida. 

Daniel gozaba. Se henchía. Se regocijaba. Se llenaba de una plenitud nueva y energizante. La vida era toda una elección para vivirla, soñarla, representarla y experimentarla. Por ello, como buen actor, cuando algo no funcionaba bien, se preguntaba si podía cambiar algo para orientar el objetivo de su sueño. 

Todo sueño, toda representación, toda memoria, estaban en nuestras manos. Eran nuestra elección. Daniel decidía seguir clarificando ese tema, esa dirección que le llevaba a la explosión de su energía con toda intensidad. Su alma, en su interior, gritaba a todo pulmón: “Soy libre y elijo yo mismo mi sueño, mi personaje y la memoria que voy a vivir con toda mi pasión”. 

Así, Daniel abría los nuevos horizontes de su experiencia con toda plenitud en sus manos y en su decisión.